Menores cometiendo delitos mayores

El tema no es fácil de definir y sobre este asunto se han hecho muchos estudios, incluso, investigaciones científicas que buscan determinar si un niño que de manera recurrente interviene en delitos graves como el homicidio, puede rehabilitarse. Desde el fundador de la Escuela Italiana de Criminología Positiva, Cesare Lombroso, que hizo investigaciones empíricas sobre los rasgos físicos que caracterizaban a los delincuentes, hasta los psicólogos modernos, han tratado de comprobar si existen factores genéticos, culturales o sociales que predeterminan un instinto violento de un menor de edad.

Los resultados de esas investigaciones establecieron que una combinación de elementos llevan a que una persona desde muy temprana edad planee y ejecute el homicidio de otra. Podría un niño nacer con un gen que lo hace proclive a convertirse en un psicópata y también hay factores que afectan al menor.

El ambiente en el que creció el presunto responsable de la muerte de dos hombres en Medellín, cercano a una banda de delincuencia dedicada a la extorsión y el sicariato en la Comuna 13, no es precisamente el entorno para un niño. Se podría concluir que es una víctima de la violencia y de los problemas sociales de sectores marginados, no obstante la Fiscalía declaró que a sus escasos 14 años es autor de 12 asesinatos. Cuando se tiene la capacidad de concebir esta clase de ilícitos y lo hace reiteradamente en busca de una remuneración, participando de una empresa criminal, también se debería tener la facultad para responder por sus actos.

En este punto habría que analizar el concepto de inimputabilidad que es aplicable a quien no es responsable penalmente de un ilícito porque no es capaz de entender que con sus acciones está causando un daño. En Colombia el Código de Infancia y Adolescencia instituye que los menores de 14 años “no pueden ser juzgados ni declarados responsables, ni privados de la libertad”, quienes están entre los 14 y 18 años tienen un trato especial por la ley.

La discusión se centra en determinar si debería ser condenado un adolescente, cumpliendo penas equiparables a los adultos. En el caso del menor de Medellín, médicos siquiatras que analizaron el tema llegaron a la conclusión que es poco probable que se pueda rehabilitar.

La acción estatal debe centrarse en evitar que un niño se convierta en criminal. Los infantes tienen que estar dedicados a programas educativos y ser el objetivo principal de las actividades de asistencia social y aprovechamiento del tiempo libre.