Monstruos, esos son los abusadores de menores

Por María Fernanda Daza Ovalle

Florence Thomas, en su última columna publicada en El Tiempo, y que tituló ¿Monstruos?, señaló que: “muchas veces la respuesta es que nuestra sociedad es una sociedad enferma” y fija postura en cuanto a que además de ser un tema psiquiátrico y jurídico, para ella el cuestionamiento debe ser también sociológico porque en últimas sabemos muy poco de las historias y condiciones específicas de estos violadores de niños y niñas.

Es deplorable ver como semanalmente los medios registran noticias de abusos sexuales a menores de edad, y esto como se ha visto viene generalmente de personas cercanas a la víctima, o en algunos casos en los que los abusadores y violadores aparentemente se ganan la confianza sus víctimas. Con dolor veo como en los últimos meses se ha registrado un ascenso en el registro de datos que dan cuenta de la situación que viven niños, niñas y adolescentes.

Las cifras dan cuenta de que en el país en promedio se reportan 62 casos de violencia sexual contra menores, cada día, de manera que tres de cada 1.000 niños en nuestro país son objeto de violencia sexual. Pese a que el Estado ha buscado garantizar y restablecerles los derechos fundamentales de los menores, es claro que el daño ocasionado a estos producto de un abuso o violencia sexual se convierte en una marca de por vida, por eso celebro y destaco con infinita alegría que se esté reforzando el sistema a través de la reciente promulgación, el 22 de julio, del acto legislativo para modificar el artículo 34 de la Constitución Política de Colombia, con lo que se abre paso para el establecimiento de la cadena perpetua para violadores y asesinos de niños, niñas y adolescentes. Un acto legislativo que ojalá logre poner frenos a violadores, sean militares, padres de familia, amigos de la familia o monstruo, porque eso son y así deben denominárseles, y es que estos no son como el lobo feroz de los cuentos infantiles, son personajes como los de las películas de terror, pero no hacen parte de la ficción, estos existen, son de carne y hueso; con nombre e identidad, al igual que lo tienen los niños víctimas de sus abusos, violencias, maltrato infantil y que incluso han sido asesinados como lo fueron Yuliana, Angie Lorena, Salomé, Luis Santiago, Génesis, entre otros nombres que no deben quedar en el olvido de los colombianos. Sólo en lo corrido de este año, entre enero y mayo, medicina legal ha realizado 6.479 pruebas y exámenes a menores por presuntos abusos sexuales.

Me atrevo a afirmar que lo que esperamos la gran mayoría de los colombianos es que la cadena perpetua sea aplicada con objetividad y contundencia por los jueces de la República y no se quede como un saludo a la bandera, claro dentro de las garantías procesales