Muerte de ‘Rambo’ conmovió sentimientos

La muerte es el mejor reconocimiento que reciben los seres humanos, contrario a la atención y valoración que no se aprecian en vida.

No hay muerto malo. Después que termina la vida de una persona, en especial los seres queridos, quisiéramos que Dios nos los devolviera para expresar y ofrecer lo que le omitió, negó o despreció, en ocasiones viviente. La conciencia sacude, deprimiéndonos y atormentándonos en un duelo de tristezas. “Nadie conoce lo que tiene, hasta cuando lo pierde”.

Jairo Manuel Ramírez Pérez, nombre de pila, Jair Lopesierra Sala, apodado ‘Rambo’ en su nombre artístico, se constituyó en un personaje mítico adoptando posturas imaginarias, actuaba a su manera sin libretos y comportamientos variados. Su muerte registra un acontecimiento histórico en Riohacha, donde ganó simpatía con trabajo, bromas, servicio y comprensión, el cariño de algunas personas generosas que le extendieron las manos, indiferentemente el estilo de vida adoptado en pernotar en la calle.

La muerte de ‘Rambo’ estremeció sentimientos entre los riohacheros que lo conocieron. Se las tiraba de loco, pero la cordura lo desvirtuaba. Tanto el día de la velación en el parque del cementerio central de Riohacha, lugar de vivienda, hasta cuando culminó su existencia terrenal, como en sepelio, fue muy concurrido de personas, sin diferencia de estratos sociales ni condiciones especiales. Se amasó la unidad personal de la popularidad riohachera, tributando la despedida de un personaje que perdurará en la memoria de quienes lo conocieron y trataban. Estas manifestaciones de condolencia nos sientan enseñanzas. La vida es un paseo fugaz que termina sin previo aviso. No nos preparamos para morir y mal gastamos el tiempo en la corta vida. Nacimos para morir, aprovechando todos los días como el último, compartiendo actividades, servicios, congratulados en amor, alegría y cordialidad.

‘Rambo’ se origina en una familia campesina de Albania que se trasladaron a Riohacha en el barrio Cooperativo. Durante un tiempo vivió y trabajó con el finado Óscar Barros en servicio de aseo a los vehículos y jardinería; aprendió a manejar motos y automotores, se ganó la confianza del patrón, era el encargado de hacer los mandados. Un día cualquiera le llamaron la atención por abusos en estado de embriaguez reprendiéndolo. Se enojó y se trasladó a vivir a la calle Ancha de Riohacha, donde residía a su gusto y en riesgo de salud, durmiendo al interperie en sardineles, terrazas y hasta dentro de bóvedas del cementerio que cuidó durante muchos años, sin ningún reconocimiento remunerativo.

Denunció los hechos que se registraban en el interior del cementerio, que tuvo que abandonar por amenazas de delincuentes, lo que dio lugar a la colocación de cercas eléctricas.

Le gustaba tomar churro y consumir marihuana a solas, no le jalaba a las demás drogas y muy poco le gustaba la cerveza. Desmangaba las camisas, mochaba los pantalones o salía descamisado y descalzo. Era aficionado a las armas de madera, tubos, aluminio, cauchos y otros materiales reciclables para las exhibiciones rutinarias o carnestoléndicas de los arsenales las armas se las guardaban en el hogar los del difunto ‘Toñé’ donde les suministraban alimento y agua para el aseo.

Los colores preferidos para disfrazarse eran el negro, rojo y sombrero. Aún cuando andaba como indigente, no olía mal y muchas veces lo utilizaban para tomas de imágenes y selfie abrazando a ‘Rambo’. Pedía algo cuando necesitaba a personas conocidas, que no le negaban un billete o moneda que tuviera para regalárselos. No acosaba pidiendo, acuñaba ahorros de las donaciones especiales que no malgastaba. Su único compañero de bebeta, Manuel Lugo, ‘Gorilo’, quien lloraba desconsolado la muerte de su amigo, la sintieron con profundo dolor; Mingo Solano, Sonia Bermúdez, su amor platónico, que no dejó de socorrerlo y asumió la coordinación de los eventos exequiales y todo el personal del barrio el ‘Guapo’ que lo trataban y una larga lista de asistentes que concurrieron al velorio y sepelio, para darle el último adiós a un distinguido personaje de Riohacha.

Inimaginable la asistencia a las honras fúnebres del referenciado personaje que no iba a velorio, no daba pésame en entierro e indiferente de lo que ocurría en el entorno; hubiese tenido tan voluminosas concurrencia. Fenómeno especial de la vida frente a las cuantificaciones que califican por variados factores la asistencia a los sepelios.