Mujer, crecimiento e inclusión social

El empoderamiento de la mujer como trabajadora, empresaria, y lideresa, debería que ser oportunidad y realidad en contexto de crecimiento económico, inclusión social, general progreso e integral prosperidad, en la verdad que debe avanzar en distintos campos, áreas y ámbitos para con ello influenciar decisiones públicas que cambien para bien su realidad, ya que su participación en la fuerza de trabajo e ingresos genera crecimiento y efecto multiplicador en la sociedad.

No obstante, interesa sobremanera en este derrotero, un superior avance de los derechos de las mujeres que implica sólidos desarrollos regionales, por lo que permitírseles debe acceso en igualdad de oportunidades a crédito, educación, formación, apoyo comunitario y gubernamental, para que así pueda entrar solvente en la fuerza laboral y torrente económico.

En tal sentido debe promoverse a la mujer como pilar de crecimiento económico, lo que permitirá positivos cambios a modelos y estructuras que sin ellas no funcionan; además, no puede desperdiciarse porque sí su potencial poblacional y con ello hacer posible mejorar exponencialmente las condiciones de vida de la población, reducir la pobreza, expandir la economía y definitivamente crecer económicamente y alcanzar resultados positivos en materia distributiva.

Es claro que la participación de la mujer en la fuerza de trabajo está muy lejos de la masculina en los hogares donde la mujer es cabeza de familia siguen siendo más pobres que los encabezados por hombres; de ahí que sea necesario promover un verdadero empoderamiento de las mujeres, que les permita ejercer la plenitud de sus posibilidades como pilares de crecimiento y desarrollo, en lo que importa un cambio estructural, que reduzca las desigualdades, interesando  énfasis especial en las mujeres con mayores niveles de vulnerabilidad en razón a su condición social, raza, etnia o tipo de empleo. Importa en este itinerario, la pronta eliminación de todas las formas de violencia contra la mujer, ya que mientras persista lo cual y se siga menoscabando el ejercicio de sus derechos, estaremos obstaculizando el desarrollo, así como su capacidad y autonomía económica, que contribuye, entre otros factores, a la erradicación de la violencia.

Contribuye el empoderamiento de la mujer a que exija sus derechos, ejerza liderazgos, aproveche las oportunidades de educación y empleo, con lo que, sin duda alguna, las economías crecerán.

Dar prioridad a la mujer no es una opción sino una necesidad. Invertir en la mujer, además de ser un asunto de derechos, es también expresión de buen sentido económico.