Mujer de cabal temple

Las mujeres a través de la historia, han demostrado su gran capacidad intelectual, y además su indeclinable y férrea voluntad de ser defensora de sus principios y convicciones.

Han confirmado, que su carácter y temperamento, es menos frágil al soborno, que el del hombre que sí lo es. Hay excepciones, pero no es cierto que sean el sexo débil, nunca lo han sido. Por ello, no debe sorprendernos que, en las entidades oficiales y empresas de todas las escalas, estén dirigidas por mujeres.

Las hay como financistas, historiadoras, politólogas, científicos, excelentes médicos, abogadas, ingenieras, veterinarias, agrónomos, economistas, boxeadoras, deportistas, generales de la república, soldados, policías, aviadoras, escritoras, periodistas, ministras, magistradas, monjas, enfermeras, recicladoras, guerrilleras y antiguerrilleras.

 Pero, además, tienen una condición especial que hay que reconocerles, y es que tienen un vientre que Dios les dio, para que el derecho a la reproducción de la humanidad, se geste dentro de este, y de ahí la razón, para que se reputen como madre, y por consiguiente, la gran ayuda idónea del hombre, que, cuando esta falla, ella la asume, y lo hace con honor, pulcritud y éxito. 

Como en la viña del Señor, hay excepciones, pero son muy pocas las malas, que no superan las buenas. Por ningún lado se ve pues, la razón para que se les considere como el sexo débil. 

En ellas, se ve mucho menos la tentación hacia la corrupción, mientras que los hombres llevan la batuta, la bandera de los signos de pesos, que blandean, como los campeones de las sinvergüencerías, empezando por el rey de las dádivas y mermeladas, que tanto repartió el sujeto Santos, hasta quebrar el país, desmoralizando simultáneamente la fuerza pública, y el alma de la nación, que está encarnada en la administración de justicia. 

Le acompaña el sujeto Petro, heredero del cinismo, que, sumado a su prontuario de criminalidades, se perfila como el indicado, salido de las cavernas de la infamia, para comandar el gran paredón, donde se pretende fusilar la libertad, la democracia y todos lo que queda de bueno, de esta querida Colombia, que estamos obligados a defender sin condiciones. O los quebramos, o nos quiebran, es la disyuntiva. 

La baraja de candidatos defensores de la democracia, son una luz en el túnel y una esperanza, para demostrar que, si se puede vencer el mal, porque los buenos somos más que los malos. Y, si en esta oportunidad, le corresponde a una mujer conducir los destinos de la nación, hay que apoyarla. Aquí no se trata de posiciones machistas, lo que está en juego, es el espíritu de las leyes, esa que pisoteó Juan Manuel, para darle cabida a la impunidad, y la prostitución. 

Mujeres de Colombia, este es un momento histórico para ustedes, y nosotros los varones de la República, estamos gozosos de sentirnos bien representados.