Murgas en vez de López

Ayer fui a la Gobernación, donde se me pasan mis días por ir y encontré que están remodelando el primer piso del desueto e insuficiente Edificio Alfonso López Michelsen, que más bien debería llamarse José Antonio Murgas por ser éste el padre y creador del Departamento, pero valió más la proverbial lambonería nuestra y me hizo acordar cuando hace rato Lucas Gnecco era gobernador, que llegué muy temprano a gestionar algo para el Tránsito del cual era director y lo encontré embolando donde Dago, costumbre que él tenía para dialogar con los humildes y al terminar nos pusimos a hablar en el corredor del segundo piso que había sido pintado recientemente y él, con esa mala costumbre, se recostó y le puso el tacón a la pared y de una vez la manchó, yo le llamé la atención y como es él, me dijo: esta vaina es una joda que no se me ha podido quitar, realmente es una pésima costumbre.

En ese momento llegó el ‘Mono’ Cárdenas, arquitecto y le comenté que en Barranquilla había visto un edificio con las paredillas y pasamanos cubiertas en mármol o marmolina y madera y que con ello desaparecieron la pintura, yo hago eso contestó el ‘Mono’ y entonces el gobernador sin ningún problema le ordenó que comenzara ya y a los 20 días o menos arreglaron el segundo piso tal como está hoy, intacto, pero como antes no había la plata como hoy hasta ahí llegó y el trabajo no se continuó por parte de otros gobernantes a pesar de que a muchos se lo sugerí pero ninguno paró bolas, ojalá nuestro gobernador Franco Ovalle, que con seguridad lee El Pilón, aproveche la remodelación del primer piso y continúe el tercero y cuarto, que parecen hijos de menos mamá, lo que hizo Gnecco en el segundo, ahí está el ‘Mono’ vivo para que le den esa bicoquita y al nuevo y remodelado edificio la Asamblea se luzca y mediante una ordenanza le cambie el nombre por el de José Antonio Murgas, a quien el Departamento está en mora de rendirle un multitudinario homenaje, repito, como padre y creador del Cesar.

¿Para cuándo lo vamos a dejar, para después que él se muera? Ya pa’ qué, lo sabroso es que él con sus 90 encima, los disfrute. Soñar no cuesta nada pero si ese sueño no se puede hacer realidad, es justo que se levante una estatua en la plazoleta de la Gobernación y le rindamos ese merecido elogio.