Ni del río ni del hacha… machete con eso

En una parte no muy lejana queda Riohacha, tierra querida, es una linda ciudad muy sana donde se pasa alegre la vida, un gran tesoro encierra Riohacha yo se los voy a decir a ustedes, los cocoteros, lindas muchachas, y lindas playas con buenas redes”.

Fue en 1971 cuando Ismael Rudas incluyó en el LP ‘Mi viejo baúl’ la canción ‘Riohacha’ de la autoría de Lenín Bueno Suárez en la que hace un sentido homenaje a la tierra donde nació, esa obra musical está en mi mente por un acontecimiento macondiano que ya les voy a contar.

Como se sabe, del 13 al 15 de septiembre reciente pasado se realizó a medias y sin zapatos el Festival que sus mentores han llamado ‘Río de el hacha’, y por tal motivo se anunció en los medios la presencia para encarapitarse en tarima de un racimo de muy reconocidos intérpretes de la música vallenata lo que terminó en vísperas de mucho y día de nada porque algunas presentaciones largamente esperadas nunca se hicieron, quienes esperaban que Ana, la chacha, les lanzara la pañueleta, el medio fondo o la falda quedaron esperando la miel pa los buñuelos.

Parece que algunas cosas de ese nuevo festejo esta vez no funcionaron, comenzando por la escasa concurrencia a sus eventos, la vaina no fue atractiva ni para los ladrones, inexplicablemente el programa de las actividades que se iban a realizar nunca se conoció, a quienes en medios radiales dedican tiempo, recursos y estudio para la difusión, preservación y permanencia en el gusto popular de la música vallenata los ignoraron, y hubo la percepción colectiva que no se tenían cabezas visibles con quien entenderse, la improvisación era fácilmente sospechable.

En ese mar de cosas defectuosas, también le correspondió su pócima a este cuerpecito que habrán de comerse los gusanos de Monguí, resulta que “un mal día” el viernes 13 de septiembre recibí una llamada, alguien que no se identificó me preguntó si había recibido comunicación de parte de los organizadores de ese festival, le dije que no, y prometió volverme a llamar. Al día siguiente a las cuatro de la tarde recibí una llamada, respondí al ver que se trataba de mi amigo Mario Alfonso Puello, la voz que escuché no era la de él, mi interlocutor me dijo que necesitaban mi apoyo como jurado del concurso de canción inédita, le pregunté para cuándo, y su respuesta me dejó frío, “para ya”, obviamente me negué porque en ese tipo de cosas la improvisación es fatal y ante tanta informalidad uno se siente manoseado, peor si nos dicen como en este caso que me buscaron como llanta de repuesto porque la persona importante que habían designado para eso que venía de otra región no llegó, ahí pensé “yo soy hijo de su madre, primero o de último pero no en el bulto, no soy trapito de bajar olletas de nadie”, obviamente no le caminé al asunto.

El mismo interlocutor además me manifestó que el domingo a las cinco de la tarde se realizaría un conversatorio en ‘El callejón de los Capuchinos’, que los panelistas seleccionados éramos el doctor Édgar Ferrucho y yo, la verdad que a pesar de la invitación de boca acepté, más porque esas cosas las disfruto que sentirme alagado conque me conviden a última hora, así quedamos; el día y hora previstos, me encontraba en un evento social muy agradable, y me excusé para llegar puntualito, para la ocasión estrené la bellísima guayabera que me hizo con todo esmero y la bordo con sus mágicas manos ‘La aguja de oro de Riohacha’, doña Enilfa Curiel, viuda de Magdaniel, claro me imaginaba todos los ojos sobre mí, todas las mujeres tomándose fotos con el ‘Nene’ de su madre por llevar la camisa más hermosa del evento. En fin, así como se siente uno cuando está afiebrado con algo y se siente importante, todo bonito hasta allí, pero como les parece que al llegar al lugar me encontré un escenario desolador, un callejón vacío, ningún organizador por allí, solo encontré una perra miando detrás de un matojo y me tropecé con lo más parecido que he visto a la Virgen del Carmen, una agraciada mujer, con una muchachita cargada que no sé de dónde me salió para pedirme algo para comer, eso me sirvió de consuelo, pensé, del ahogao el sombrero, no hay evento pero se me apareció la virgen. No hay derecho a que esas vainas pasen y que yo hubiera perrateado mi camisa infructuosamente.

Este episodio me hizo acordar que hace 10 años la colega Yamel Robles, el doctor Ugalbis Rodríguez Bolaños y yo después del aporte económico de rigor, fuimos designados jurados de un reinado de Princesas Wayuú, la coronación sería en el Centro de Convenciones Anas Mai, y resulta que cuando llegamos al sitio con la ropita bien almidonada y mi colega con su pelo revoleteado, solo encontramos al vigilante, todo estaba a oscuras y nos informó que allí no había ningún reinado.

Van dos veces, no habrá una tercera porque el gato que sube dos estufas calientes no subirá otra ni si esta helada.