¿No hay más especies vallenatas?

¿Ese ancestro común triétnico a la derecha del río Magdalena y en las sabanas del antiguo Bolívar, solamente produjo el son, la puya, el merengue y el paseo?

¿Cuál es la lista completa de las especies que conforman el género vallenato? Me atrevo a responder, en forma genérica, valga la redundancia, que ese catálogo lo conforman aquellas especies musicales que comparten características comunes, y nacieron y siguen naciendo generación tras generación, del clásico ancestro común triétnico. Ese ancestro común es ese pasado geográfico aislado: social, económica y culturalmente, ubicado en el Magdalena Grande y las sabanas del antiguo Bolívar, donde el Imperio español ensambló el espíritu africano con nuestros precolombinos.

Lo que quiero decir es que los cuatro famosos y festivaleros hermanos tienen más hermanos, pero expósitos. De esta manera, es que entiendo que las cuatro especies: puya, paseo, son y merengue consideradas las más robustas musicalmente, más arraigadas en la cultura popular en la región del Caique Upar, y por ende, más aptas para la competencia entre acordeoneros, hubieron de ser las elegidas para concursar en ese certamen festivalero.

Lo que no puedo entender es la discriminación y la exclusión del género vallenato, de esas otras especies aparecidas más recientemente, algo después de las cuatro elegidas, pero originadas genéticamente de ellas, y debido a otras presiones ambientales y en un contexto geográfico, social, económico y cultural un poco más evolucionado, algo más citadino, más urbano, menos analfabeto y menos campesino. Me refiero básicamente al paseaíto, el pasebol y la nueva ola.

Cómo hago yo, por ejemplo, para explicar a mis hijos bogotanos que los paseaítos ‘Los Sabanales’, ‘Mi color moreno’, ‘Todo es para ti’, ‘Playas marinas’ y ‘Divino rostro’, no son vallenatos. El problema es que tampoco es fácil explicárselo a mis dos hijas vallenatas. Y cómo hará Wilfrido Vargas para explicar al mundo que el chandé ‘Soy un hombre divertido’ de Luis Enrique Martinez y grabado por él, no es un vallenato.

¿Cuántas tamboras y chandés grabaron nuestros juglares en formato vallenato? El original Lucero espiritual de ‘Juancho’ Polo es un chandé. Ahora bien, quien selecciona qué sobrevive y que se extingue en música, es el consumidor de música, y el consumidor de música en amplias regiones de Colombia fue quien bautizó al vallenato con ese nombre, no fueron los organizadores del Festival Vallenato ni otros valduparenses o guajiros ilustrados. Y la costumbre hace ley. Yo no me bauticé, a mí me bautizaron Stevenson.

Luego, la cultura popular jamás va a entender, o a permitir, que estas bellas canciones del vallenatísimo Calixto Ochoa, interpretadas por él mismo, por Diomedes Díaz y por Rafael Orozco con el Binomio de Oro y los acordeones de ‘Colacho’ Mendoza e Israel Romero, en formato organológico puramente vallenato, sean excluidas de la estirpe de Francisco El Hombre y de la familia vallenata. Eso sí sería una herejía. Mis hijas jamás lo permitirán, y yo, de La Guajira vallenata, de Fonseca, jamás.

Lo mismo, aunque un poco diferente, me sucede con los paseboles ‘Ojos verdes’, ‘Paraíso’, ‘Tus amores’, ‘Capullito de rosa’, ‘Ay, Elena’ ‘Capullito de rosa’ y ‘Manantial del alma’, interpretados por el sabanero inmortal Alfredo Gutiérrez. Digo un poco diferente, porque la especie pasebol tiene origen más bien atlanticense y sabanero, pero sin perder el parentesco hereditario, su cordón umbilical, con el primitivo árbol genealógico tricontinental: europeo-africano-americano, el ancestro común de la gran familia vallenata.