No le rindas culto a la muerte

Les voy a contar lo que he vivido en el discurrir de mis 57 años cumplidos, en mi familia. Los apellidos Nieves Orozco, es una familia numerosa, regada en todo el territorio nacional y parte de Venezuela. La familia que paría menos, tenía 9 hijos, sin contar los de otros municipios, corregimientos y veredas.

Así como es de numerosa, es de desunida. Hace varios años me hice el propósito de unir a la familia, porque los muros que tendieron los mayores que nos antecedieron, separaron y dividieron a la familia.  Desconozco las razones que los distanciaron y si no fueron capaces de integrarse ellos, mucho menos capaces de integrar, la vieja con la nueva generación.

En 2001, celebramos en el Auditorio Luis A. Robles del Sena Regional Guajira, los 87 años de vida de mi abuela materna Margoth Mindiola Córdoba, una mujer que inspiró el libro: Las Anécdotas de Ma´margó. Fue su homenaje en vida. Meses más tarde, falleció.

Los familiares que no fueron y participaron en este grandioso evento y que sabían que era la despedida de la vieja Margoth; fueron los primeros en aparecer en su velorio. A eso, yo le llamo, rendirle culto a la muerte. Despreciamos a los seres vivos, para luego llorar su partida.

La segunda integración la organizamos un 20 de septiembre de 2014, en Valledupar, en un Club Privado de los Mineros, dado a que un primo es accionista. La meta era integrar 100 familiares descendientes del árbol genealógico de Esteban Estanislao Orozco Peralta; a la integración participaron 76. Lo cierto, es que la familia está viajando muy rápido, promedio 55 a 60 años.

Todavía mucha gente de la familia no reconoce la importancia de rendirle culto a la vida. Jamás han participado de las integraciones, pero son los primeros en llegar a los velorios y llamar para dar el pésame.

El 30 de diciembre de 1998, un grupo de la familia integramos los Nieves, en una casa finca en Valledupar, lo sorprendente, participaron 287 familiares procedentes de Cartagena, Barranquilla, El Copey, Bosconia, La Guajira, Codazzi y Valledupar. El próximo encuentro quedó en organizarlo la delegación más numerosa procedente del Atlántico. Estamos a la expectativa. Ya muchos han viajado a la eternidad.

A donde voy con mi tesis del culto a la muerte. Observen la costumbre. Hay familiares míos que nunca llaman para desear un feliz cumpleaños, una Feliz Navidad, dar una felicitación por un logro de un hijo, etc. Pero, son especialistas para anunciar la muerte de un familiar, o de alguien que se encuentra en UCI.

Hay familiares míos, a los que temo responderle una llamada, porque sé a ciencia cierta, que la noticia no es halagadora. Son transmisores por excelencia, de las malas noticias. Y lo mejor, una buena, no la transmiten.

Romper esa cadena generacional de rendirle culto a la muerte, no ha sido fácil. Lo he intentado, y he salido crucificado. Pero no importa, seguiré cortando con esa maldición generacional. “Vivimos en una cultura, donde tu recobras tu valor e importancia, después que mueres”.

Tenemos que rendirle más culto a la vida. Más integraciones familiares, no importa que las relaciones estén rotas, es una manera de limar las asperezas. Más paseos de olla en el río, más reuniones familiares en la finca, no importa que sea comiendo arroz de fideo con queso rallado y plátano amarillo asado o raíces al vapor con salsa agria (yuca con suero).

Más llamadas en vida, ese cuento que nada más llaman para decir que alguien se murió, o está a punto de morirse, para mí se acabó y pertenece al pasado. Ese cuento de nueve noches, velorios en la sala de la casa, para mí se acabó, para eso están los planes exequiales, que cubren los costos de la muerte.

Bueno, quería compartirle un poco lo que pienso en el tema de la muerte, inexorablemente, el encuentro con esta señora, algún día llegará. Por eso, hay que vivir el hoy, el aquí, y el ahora, no aplazo nada.