No olvidemos valorar las atenciones y servicios oportunos

Los golpes nos enseñan a reflexionar y bajar de las nubes. Es importante aprender de ellos antes que quejarnos y martirizarnos por lo que nos ocurra, considerarnos intocables equivocadamente. El dinero y medios económicos no resuelve todo, más bien menosprecia el afecto y la consideración humana.

La epidemia del Covid-19 es un factor para entender naturalmente que todos somos iguales para entendernos, apoyarnos y servirnos mutuamente. Valoremos a quienes nos sirven en cocina, aseo, salud, hospitalización, educación, conducción, ingeniera, modistería, albañilerías, agriculturas, artesanía y demás servicios personales. El pago de una remuneración es justo y no da para menospreciar, mal tratar y denigrar de las personas, tratarlas como esclavos, sirviente y demás epítetos y adjetivos, reprochables e irrespetuosos. Es necesario aprender que el dinero nunca puede superar la dignidad de las personas, en comparaciones de estratificaciones económicas. Ricos y pobres somos iguales, aun cuando vivamos diferentes. 

Nadie es más que nadie, por lo que se tenga o posee materialmente. Un gran error de percepción que se debe superar. De nada sirve hincharse o inflarse de egolatría y orgullo para colocarse superior sobre los demás. Desinflémonos y naturalicémonos, compartiendo, sirviendo, apoyando y solidarizando con lo común popular. La vida es incierta, por eso demos gozarla de manera libre, cordial y generosa, ayudando al que no tiene. Las riquezas son cargas que adoptamos desconociendo los efectos negativos que generan en lo social y personal. Nos vuelve egoístas, envidioso y acaparador, esclavizándose en sus propios bienes por conservar y cuidar lo que tiene, desligándose de familia, amigos y demás sentimientos sociales. Los bienes materiales que aquí adquirimos, a aquí se quedan. Nacimos desnudos y el espíritu parte a la eternidad, sin nada. Las herencias familiares no son muy gratas, no faltan las tragedias y muchas no son duraderas. 

En la vida estamos expuestos a todo. La muerte no discrimina. Nos descomponemos después de muerto en la misma forma, sin diferenciar estilo de vida, funerales o lugar de sepultura. Los apegos y las vanidades no son más que cargas y fantasías para ostentaciones. De un día para otro puede transformarnos la vida, para bien o para mal. Debemos comprendernos, respetando condiciones y características personales individuales de las personas. Vivamos en armonía, cordialidad, solidaridad y buena fe.

El Covid-19 desboronó los estándares económicos, generando muchas pérdidas como consecuencia de la paralice y el desempleo, originando estado de recepción, donde nadie gana. La reconstrucción económica conlleva tiempo y paciencia. Requiere del concurso y participación de empresarios, gobierno, sistema financiero y trabajadores; partiendo del sacrifico al beneficio de manera general. No que se preste para sacrificar únicamente al trabajador, beneficiando al empresario o capitalista a recuperar las pérdidas ocasionadas con motivo de pandemia, sujetándolo solo a recibir salarios establecidos por el gobierno, como costumbre tradicional que debe transformarse en equidad. Es la oportunidad para que en adelante se convoque abiertamente la apertura de empleos participativos e indiscriminados, a fin de erradicar el desempleo constituido en otra pandemia social. Laborando y prestando variedades de servicio es la forma de levantar la economía y generar utilidades para todos.