No repitamos la historia en Riohacha

Al contrario de lo que muchos analistas pensaban, que en las próximas elecciones no correrían ríos de dinero de candidaturas multimillonarias como las del 2015, la historia se repite. El imaginario de esos círculos de poder es que esa forma de hacer política garantiza el triunfo.

Es apabullante la inversión en publicidad. Exageradamente por encima de los límites permitidos. Se llega al colmo de pagarle a dueños de vehículos $150.000 por solo lucir un parasol y de esa forma dar la percepción de un gran respaldo.

Los arreglos por $40.000.000 con candidatos al Concejo y de $20.000.000 con los “líderes” de las elecciones anteriores por respaldo a Alcaldía y Gobernación están labrando un camino conocido y padecido por todos. ¿De dónde salen tantos recursos? ¿Del erario o de las mafias? Lo que nos recuerda la famosa grabación telefónica entre una concejala y un candidato a la Gobernación, ampliamente difundida por los medios nacionales y locales que desnuda nuestra realidad política y aclara cómo se llega a esas instancias de poder, recorriendo un camino entramado de mucho dinero.

Refleja también, con mucha tristeza, el manejo que se le da al elector de la población vulnerable y lo costoso que resulta movilizar a esas personas a los centros de votación. Es claro que la arremetida del poder central en el encarcelamiento de miembros de la clase política, amén de que no son inocentes, es lo que le limpia la imagen al Estado, muy opacada por las medidas cautelares de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la presión de los países europeos por la mortandad infantil en La Guajira.

Si partimos de lo que recibe un individuo por su voto, unos $50.000 y el incentivo al “líder”, nos podemos hacer una idea de cómo se cotiza el sufragio en el mercado electorero local. Ya reunidos los integrantes del grupo de un “líder” en particular, también se puede calcular el monto de la reventa de esa preciada mercancía con su respectiva comisión, a esto hay que sumarle la logística y transporte. Ya se habla de la evidencia de la foto del tarjetón marcado para garantizar el pago.

Hay otros valores agregados en estas negociaciones. El contar con mandatarios amigos da influencias; que van desde conseguir cosas oficiales sin el cumplimiento de los requisitos, hasta lograr que a compañeros no les caiga el peso de la ley al momento de una trasgresión. Para los concejales y diputados “entrar a coalición” significa, ni más ni menos, que hacer parte del reparto de dinero para que pasen los proyectos y conseguir puestos en la administración pública. Esas instancias de coadministración se convierten en peajes que no dejan pasar ningún proyecto sino hay plata de por medio.

También es evidente la ley de la oferta y demanda que rige todo mercado, aun el de votos. Las grandes campañas en Riohacha tratan de conseguir la misma mercancía ofreciendo mejores condiciones de pago. Un principio básico es que al aumentar la demanda, con una oferta fija, los precios suben. Se vislumbra que a estos candidatos les va a tocar conseguir muchísima más plata de la que ya han gastado, pues las campañas se han encarecido y el comentario generalizado es que hoy a un mes de las elecciones, nadie sabe quién va a ser el alcalde.

Ahí están las causas de todos los problemas de La Guajira. Los que llegan van desaforados a recuperar la cuantiosa inversión sin importarle la suerte de las comunidades.

Muchos riohacheros estamos convencidos que se necesita pensar la política de otra manera, ejercerla a través de las estrategias de progreso y respeto que la humanidad entera busca anhelante, con la decencia pública como medio principal. Se requieren manos limpias y honestidad para quitar del medio a aquellos que sólo se mueven por intereses particulares.