Nólida Esther

Fue la octava hija de diez (10) hermanos, nacida del hogar villanuevero Acosta-Bolaño, de la pareja conformada por Buenaventura Acosta y Luisa Bolaño.

Nólida Esther, tuvo una particularidad que la diferenciaba de los demás hermanos, que fue más Bolaño que Acosta, de su padre sólo heredó el color de la piel, pero de su madre heredó casi todo. El sabor de la culinaria, especialmente, el impreso en las arepas vendidas en el mercado público.

Realizó el mismo producto en el mismo sitio de venta que complementaban ambas con la singular forma de relacionarse con las personas, sin distingos de razas, situación económica o clase social, su surtido era solicitado y apetecido por todos. Casas políticas, artistas de conjuntos vallenatos, trabajadores mañaneros y deportistas que realizaban ejercicios físicos diariamente en el pueblo, pero que también temprano rompían la dieta al no resistirse a la arepa con huevos de la ONA. Como cariñosamente le llamaban, familiares, amigos y conocidos.

Nólida Esther fue la copia exacta de su madre en el campo familiar y sentimental también, a tal punto de coger como de ella los inconvenientes presentados a sus parientes, y de seguro que cada solución llevaba su grano de arena aportado para el final feliz.

Nunca le faltaba el plato de comida servido de más, por si acaso la visita en hora de comida, coincidencialmente, por cosas del destino, por lo general casi siempre caía en mis manos, casualidades de la vida le decía yo, bajo su pequeño murmullo.

Sus oídos, disponibles siempre a escuchar a los demás ya sea en su papel de hermana, amiga, madre o abuela, que acompañaba con las palabras precisas, aconsejando para el proceder requerido y acertado del caso.

Fue una cábala de triunfo para una casa política, quienes sostenían que las meriendas en campaña con las arepas de la ONA, era triunfo seguro, y desde años atrás han participado del poder local y es la hora y todavía tienen participaciones en una de las alcaldías del departamento de La Guajira, por lo visto, algo de verdad había.

Por cosas del destino, que como persona no entendemos, como mueren personas de bien  tan jóvenes, con los hijos todavía adolescentes y con el nieto aún comenzando,  pero si fue designio de Dios, aceptamos.

Comenzando diciembre 2020 a los cincuenta y siete (57) años le diagnosticaron el virus de la pandemia universal actual, que se encuentra exterminando a la humanidad, realizamos cadenas de oraciones familiares y particulares, para combatir sus efectos nocivos desde todos los frentes, medicamentos, cuidados intensivos y oraciones, pero el señor hizo cumplir en ella lo preceptuado en la Biblia, en el Libro de Eclesiastés; Cap. 3, Vers 1 Que dice: ¨ en el señor todo tiene su tiempo” Llevándosela a su santo Reino, para estar con ella a su diestra, y comprobar sus familiares, que lo que aquí tu siembras eso recoges, porque a pesar de los protocolos de seguridad que entre otras cosas prohíbe las aglomeraciones, ese dieciocho (18) de diciembre el pueblo de Villanueva se volcó a su última morada, como prueba de dolor y solidaridad, y nosotros sus familiares adoloridos por darle la última despedida a Nólida Esther, pero a la vez obedientes a los que nos dice el señor en el libro de Daniel cap.

4, vers 35 “ante él nada somos los habitantes de la tierra, él actúa según su voluntad tanto en el cielo, como en la tierra, nadie puede oponerse a su poder, ni el preguntarle el por qué actúa cómo actúa, sólo hay que obedecer. Y en su obediencia, paz en tu tumba, hermana mía.