Nos tocará partir de cero

El asunto de peste o pandemia se ha tradicionado en las décadas 20 de cada siglo, extiéndase por más de dos años en duración hasta curarla o mejorarla con vacunas o medicamentos farmacéuticos. Aplacar la tragedia del coronavirus es lenta, gradual y expuestas a los juegos de interés, paraticulares y grupales en el ejercicio del predominio por ostentaciones y pretensiones económicas. Después de superada la pandemia contagiosa, vendrá lo fuerte de resistir. El uso de la fuerza con las armas por bandas y ejércitos irregulares, descontrol y desconcierto institucional e irrespeto a las diferencias y limitaciones de libertadas, reinando la corrupción y el poder económico.

Preparémonos para lo malo y lo feo durante los cincos años que nos esperan, si es que logramos llegar o estar vivos. Motivémonos de manera positiva todos los días al levantarse, como si fuera el último día de existencia terrenal, para disfrutarlo y sacarle el jugo.

Todo colapsará quedando a la intemperie donde de nada sirve la riqueza, las armas, la política, ni las religiones, entre otras. Se aproximan furias sísmicas en erosiones volcánicas, terremotos, huracanes, tsunamis, deslizamientos de tierra. Después del Covid-19 seguirán las mafias de la salud lanzando más virus, bombas biológicas, bacterias, paracitos e insectos para continuar degradando la salud y matando seres humanos, floras y la fauna con la propagación de contaminaciones infecciosas.

Las costumbres tendrán que cambiar más conciencia y solidaridad voluntaria de bienestar que de fuerza. Debemos descargarnos del peso de activos, elementos materiales y títulos valores que nos acta y nos esclavizan, generando en conservaciones y cuidado, mortificaciones las pérdidas y deterioro de bienes materiales. Aún cuando se disponga de goces y comodidades, la felicidad es efímera. Hay que despojarse de apegos y orgullo, desinflar el ego, erradicar, la envidia y el egoísmo. Los rencores se desaparecen y erradican perdonando. Amémonos y apoyémonos los unos y otros de manera afectiva, positiva, cordial, armónica y respetuosa, colocándonos en igualdad natural para vivir y servir.

Los modelos políticos-económicos, capilista, socialistas y comunistas, deben revaluar los estilos de producciones y los manejos sociales con equidad. Después que se sobreviva el coronavirus y todo lo tendrá que venir los días venideros, embrionamos en medios de secuelas, transformaciones y cambios. Nada de maltrato ni esclavitud laboral, ni mucho menos desempleo. Tampoco desigualdades participativas en oportunidades democráticas. Limitaciones en adquisiciones de propiedad privada y riquezas personales improductivas. Conservación del medio ambiente descontaminado. Deben cesar las producciones industriales de armas, equipos de guerras y municiones, que solo sirve para intimidar, amedrantar, humillar, asesinar, generar y provocar, guerras y conflictos de enfrentamientos armados.

El momento para que todas las naciones acuerden aportes no inferior al 15% de los fondos presupuestales de inversiones en los ministerios de defensa o fuerzas armadas para que se destinen a soportar, amparar y solventar necesidades sociales, apremiantes. Las fragilidades y debilidades que nos dejan las hecatombes del COVID-19 en la convivencia social, comunitaria, gremial, estudiantil etc, son factores y motivos de reflexión. ¿Por qué la ONU no logra mediante acuerdos suspender por 10 años el uso de armas en conflictos y disputas entre naciones? De igual manera, también debe reformarse los sistemas financieros.

Debemos acostumbrarnos sin asombro a las muertes esporádicas de familiares, amigos, allegados y conocidos; informándose desde las redes sociales y medios de comunicaciones, sin poder comparecer a funerales ni consolar el duelo. Se dispersan las rumbas, eventos, deportes y recreaciones. Necesitamos afianzarnos unidos, participando y compartiendo en el colapso institucional, administrativos, financieras, político, social, religioso, militar, judicial, carcelario, salud, educación etc.

Nos tocará partir de cero para levantarnos entre los vivientes afortunados en reconstruir un nuevo mundo que Dios nos pone de presente, pero que no se vuelva a repetir los que hemos vivido saturado de esclavitudes, discriminaciones, contaminaciones, estratificaciones, corrupciones, abusos y violencia. Todo podemos aportar un grano de arena contribuyendo con trabajo, asimilando a las termitas o comején, hormigas y abejas. El pensamiento humano y la espiritualidad individual de las personas se complementan y son útiles para servir de buena fe en orientaciones, planes, reformas, programas, proyecciones y ejecuciones. Opinemos en forma optimista y positiva, previniendo engaños manipulados, falsos profetas, brujos y hechiceros que abundarán como mesías, explotando como salvador la fe sobre inocencia y terquedad subjetiva de algunas personas.

“Cada cabeza es un mundo y cada loco con su tema”. Motívense y prepárense a participar en oportunidades de múltiples actividades y servicios que se requieren y se avecinan.