Nuestra Señora de los Remedios

En la vida de los seres humanos, conscientes de la propia contingencia, necesitamos de auxilios espirituales especiales. Esos auxilios son el apoyo moral, sicológico, personal, familiar, social y, sobre todo, eminentemente religioso. Esto nos enseñan de manera especial las culturas ancestrales, llámense mayas, o incas, o egipcios, o griegos, o muiscas, o caribes. La modernidad, a pesar de su inconsistencia religiosa y proclamar a todos los vientos su ateísmo, no son inmunes a la contingencia, a la dolorosa experiencia de la fragilidad, no acuden a Dios, porque eso es antimodernidad, pero acuden de todos modos a auxilios externos.

Entre los millones de habitantes de nuestro planeta, estamos, quienes nos identificamos como católicos, nacidos en la Palabra, en la Persona, en la potencia de la humanidad-divinidad de Cristo Jesús. Apoyados en Él, caminamos en medio de las contingencias, sintiéndolas y experimentándolas como los demás. Nosotros, como todos, también, en medio de nuestra preocupación planetaria, acudimos a quien tenemos la seguridad nos escucha benévolamente.

La imagen del apóstol San Juan apoyado en el pecho de Jesús, en la última cena, es la invitación a cada uno de nosotros a descansar en ese pecho, para depositar en Él nuestras quitas y pesares. Jesús como hombre, experimentó amorosamente desde niño el pecho de su madre la Virgen para sentir su amor, su protección. Esa experiencia materna fue la que lo motivó, alzado en la cruz, a entregar su madre a las quitas y pesares de sus hermanos los hombres, diciéndonos en Juan “he ahí a vuestra Madre”.

Bien sabemos los guajiros, los riohacheros que la madre de Jesús se ha manifestado a nosotros, a nuestra tierra como la madre protectora. Lo hizo un día con la braveza de la mar y lo ha hecho con miles de hijos que con lágrimas en los ojos le han suplicado, reclinados en su pecho materno, el auxilio de su materna intercesión y miles recibieron lo que pidieron, por eso esta ciudad y nuestro departamento llevamos en el corazón el amor tierno, cariñoso, intenso a nuestra madre Virgen de los Remedios a quien, con sumo respeto, delicadeza filial y en forma familiar, la proclamamos la ‘Vieja Mello’, nuestra ‘Vieja Mello’. Han sido nuestros abuelos, nuestros padres quienes nos han consagrado a la ‘Vieja Mello’; son ellos los que han sembrado en nuestra Guajira, en nuestra amada Riohacha el sentimiento filial para proclamar sin ambages, con orgullo somos hijos de la Vieja Mello. Cuando nuestra madre la ‘Vieja Mello’, deja su casa para salir por nuestras calles no hay garganta que se quede callada y todos gritan con confianza inusitada: ¡Viva, viva, viva madre de los Remedios, ¡Viva Viva amada ‘Vieja Mello’ y suenan también los acordeones vallenatos, con la voz del ritmo a cantar las grandezas de la Virgen de los Remedios, la amada ‘Vieja Mello’, que vive en su casa, la catedral de nuestra ciudad, donde acudimos a diario con nuestras quitas y pesares.

Y celebrando a la Patrona de nuestra ciudad y Departamento este 2 de febrero, lo hacemos en medio del poder maléfico de la pandemia y todos a una suplicamos por el descanso de los nuestros, engullidos por el coronavirus; rezamos por la recuperación de los que ya están contagiados; intercedemos por los sanos para que se protejan, cumpliendo con las normas para evitar contagiar y ser contagiados. María, Virgen de los Remedios, ‘Vieja Mello’, como toda madre a unos ofrece la salud, a otros acompaña en su último suspiro, a los demás invita maternalmente a saberse proteger, para que esta protección sea la fuerza solidaria que cobije a toda nuestra familia riohachera y guajira.

La ‘Vieja Mello’, escucha nuestra oración que puede ser silenciosa desde nuestro corazón, o puede ser a todo pulmón. Escucha a tus hijos azotados por el coronavirus. ‘Vieja Mello’ óyenos. ‘Vieja Mello’ acompáñanos, ‘Vieja Mello’ cubre con tu manto protector a tus hijos que te amamos y a una proclamamos ¡Viva la Virgen de los Remedios!, nuestra Patrona.