Objetivo: Claudia

El liderazgo que ha mostrado Claudia López en tiempos de pandemia, tiene prendidas las alarmas en la derecha, se percibe una molestia por la forma como la alcaldesa de Bogotá le ha ido marcado el paso al presidente Duque, en cuanto a la toma decisiones fundamentales para que Colombia no llegue a los extremos de masificación del virus, como ocurrió en Italia, España y, recientemente, Estados Unidos.

Fue la primera en bloquear los eventos y encuentros de más de 1.000 personas, entendió en el momento justo que había que cerrar los vuelos y lo hizo saber, el simulacro de cuarentena marcó una hoja de ruta para el país y lo principal, tiene empatía y sensibilidadsocial con los sectores más vulnerables; mientras Duque y su Gobierno toman decisiones pensando en proteger a los gremios que lo llevaron a la presidencia y que hoy exigen, a cualquier costo, que se les tenga en cuenta para no dejar de facturar, hasta el punto de reabrir sectores a pesar de que la pandemia ni siquiera ha comenzado seriamente, a lo que la alcaldesa se ha opuesto.

Lo que más les molesta de Claudia es su estilo desafiante y que la hace cometer errores de forma y lenguaje, sin embargo detrás de esa apariencia, un poco intemperante, se esconde una mujer clara en sus conceptos, formada y hecha a pulso, quien se han enfrentado a las peores mafias que no olvidan y están dispuestas a lo que sea por desacreditarla, especialmente el sector de la parapolítica, ese que se reúne con Carrasquilla, que todavía anhela volver al poder y que no están dispuestos a que Claudia siga proyectándose como va. Su carácter y su capacidad de comunicar le gusta a la gente, lo que le ha impulsado en las encuestas, no solo en Bogotá, también a nivel nacional, y augura un futuro presidenciable expedito y máxime cuando Gustavo Petro naufraga en sus propias mentiras con respecto a la salud y el liderazgo que ha perdido desde las elecciones en Bogotá.

Solo lleva 4 meses y ya se notan los ataques, que no son más que una combinación de formas de lucha con misiles mediáticos, como la columna de María Isabel Rueda en El Tiempo, que la ubica como una dictadora cometiendo muchos errores; el ataque institucional y desproporcionado del fiscal Barbosa, quien decidió abrirle una investigación penal por violación a medida sanitaria o por comprar un aguacate, exponiéndola a un carcelazo de 8 años, cuando se trata de una contravención que puede ser manejada con un comparendo.