Opa mi gente

Querido Enrique Camilo, fuiste y serás el guajiro enamorado de tu tierra, un entregado absoluto de las buenas causas tejedoras de esperanzas, no había una conversación que no fuera dedicada a los puertos, las vías, la seguridad alimentaria o cualquier tema para salvar a esta ave fénix de sur América como la llamabas.

Te dije todo en vida, mi infinita admiración por la pasión que te caracterizaba siempre, la juventud de tu espíritu que te hacía actuar con más fuerza que cualquier pela´o de 25 años, la fe en los remedios ancestrales y tu amor por la miel de abeja pura, tenías siempre tema para hablar, supiste usar tu talento discursivo, no imagino ese encuentro en el cielo con los que se te adelantaron, esas tertulias exquisitas con acento riohachero que deleitaran a todos.

Estoy convencida que te fuiste con ganas intensas de vivir, sentías que el tiempo no era suficiente para todo lo que había por hacer, tu gran sueño era ver a La Guajira como un departamento desarrollado, todos los que te queremos sentimos que no era el tiempo pero confiados en Dios sabemos que su voluntad es perfecta aunque no la entendamos.

Eras un esperanzado de tiempo completo, aún después de recibir tu resultado positivo a Covid, tus conversaciones eran cargadas de optimismo, en las llamadas que te realicé siempre hablabas del futuro con la certeza que no era la Covid lo que te acabaría, invitabas a cuidarnos y a no bajar la guardia, mientras afirmabas que tu estabas bien, lo cual, me hacía pensar que todo terminaría con un gran testimonio en tu radio revista, yo me ilusionaba con tu “Opa mi gente” cuando reiniciaras en la radio, todos tus seguidores soñaban con eso, nunca nos resignamos a perderte y peor a que te fueras en un sepelio con protocolo Covid – lejos de la tradición guajira, sin tu gente, sin anécdotas y una misa concurrida, duele que hasta eso nos esté robando la pandemia, las costumbres guajiras y los rituales de afecto que apaciguan el dolor, merecías muchos honores, pero este tiempo lo impide todo, nos prohíbe hacer lo que más amamos – estar juntos, abrazarnos, llorar y demostrarnos que en nuestros pueblos el dolor es colectivo.

Enrique, nos dejaste el recuerdo de tu espontánea forma de ser, de tus carcajadas, de tus llamados de atención a la clase política y de tus invitaciones a despertar como sociedad, duele despedir a personajes como tú, claro que duele y mucho; el homenaje más hermoso que podemos hacerte es seguir trabajando con firmeza por una guajira en equidad e igualdad social, en la que algún día no mueran niños por hambre, ni haya corrupción, suena a utopía pero esas utopías fueron inyecciones de vida para soñadores como tú, no hay otro camino que el de seguir apostando por vivir en medio de la sobrevivencia que implica una pandemia.

Eterna gratitud Enrique por creer en cada iniciativa que lideramos los locos y locas que no estamos dispuestas a quedarnos quietas sin aportar al tejido social, tu eso lo entendías muy bien y eras feliz abriendo espacios para que –las locuras buenas– como le decías a #Evas&Adanes sigan vivas y firmes.

Adiós, Enrique… acá tu gente te seguirá recordando.