Otra vez Mary

Dios conmigo ha sido benigno, como lo es con todo el que se lo merece y a veces con algunos que no se lo merecen y diariamente me premia y me da motivos para llevar una vida placentera, que siempre gira alrededor de mi familia y mis amigos, de estos últimos que son muchos, poco a poco van desapareciendo, al igual que la familia pero los años se encargan de ir acabando con todo: juventud, bríos, sexualidad, altanería, amor, hasta llegar a la vida, uno de los deleites que he tenido es o son los grupos de amigos y ahora Dios me premia con otro, los columnistas del Pilón con sus jóvenes edecanes ‘Beto’ Herazo, José Romero Churio y Napoleón de Armas, acolitados por su reina Mary Daza Orozco, quien resolvió colgar los guantes e irse a sus, yo no sé qué, de verano o invierno y fue el motivo principal para que esta vez nos reuniéramos en una amena y agradable tertulia en los elegantes salones del tradicional restaurantico, pero rico, Patacón Pisao. Allí le rendimos un pequeño homenaje, sencillo pero espontáneo, lleno de calor humano y mucha camaradería, le gustó, sé que le gustó, no porque lo dijo por simple cortesía sino porque su rostro irradiaba felicidad y en él se reflejaba la verdad. Mary se retira con una buena pensión, no una pensión material, como dijera Emiliano en su bella canción ‘La Herencia’, sino una pensión espiritual, llena de satisfacciones, triunfos y momento agradables conseguidos a través de cientos de escritos o columnas, de estilo impecable, giros y cortes castizos que nos deleitaban con su lectura y ahora se dedicará de lleno a lo que más le gusta: estudiar, leer y escribir, que son la razón de ser de su vida y que aspira a que la cesantía que le adeuda El Pilón se las cancelen mandándole todos los días, bien temprano como el rico tinto mañanero el diario, ya que se ha llevado la ingrata sorpresa que como respuesta a su carta de retiro le suspendieron automáticamente el envío de él. Creo yo y creemos todos los columnistas que asistimos a la reunión, 15, que esa no es una buena medida que tal vez se hizo automáticamente a través de una máquina que al desaparecer su nombre como columnista también la borró como suscriptora. Ese error hay que enmendarlo señor director, que entre otras cosas, por motivos ajenos a su voluntad no asistió a pesar de haber sido invitado, y enviarle a Mary al igual que a todos los columnistas el diario bien temprano para devorarlo, como lo hago yo junto a un tinto bien caliente, pues no es justo que tengamos que comprarlo y no lo recibamos como contribución a nuestro sacrificio de escribir todas las semanas esta columna que bien o mal le sirven al periódico y nos sirve a nosotros.