Para tiempos difíciles, la actitud del cardón guajiro

Leandro José Díaz Duarte, antes de viajar a la eternidad, nos regaló una gran lección de vida, que nos da la parresia para afrontar los tiempos difíciles: “Ayer tuve una reunión / con la pena y el olvido, después de una discusión / la pena perdió conmigo,  yo soy el cardón guajiro / que no lo marchita el sol” (Bis)

La vida de los humanos es incomprensiva; a veces nos quejamos porque llueve, porque hace verano, porque hace mucho frío, porque hace calor, porque brisa, porque no sopla el viento. En fin, nunca somos felices con las circunstancias presentes en el aquí y el ahora.

“Quisieron acorralarme / pa’ ver si tenía un desvío, pero ese talento mío / tiene un sentimiento grande y el que quiera derrotarme / tiene su tiempo perdido” (Bis). Más de las veces nos falta el coraje y la valentía para enfrentar los miedos que nos apabullan y poder salir victoriosos de las circunstancias adversas.

“El cardón en tierra mala / ningún tiempo lo derriba, en cambio en tierra mojada / nace de muy poca vida,  por eso es que en La Guajira / el cardón nunca se acaba” (Bis). Es un claro ejemplo que la vida del ser humano, tienes las mismas estaciones del tiempo (invierno, verano, primavera y otoño). También tienes los ritmos de los electrocardiogramas; unas veces estamos arriba, otras veces abajo y también en el medio.

“Es que la naturaleza / a todos nos da poder, al cardón le dio la fuerza / pa’ no dejarse vencer, yo me comparo con él / tengo la misma firmeza” (Bis). Ese es el poder que Dios nos regala, porque nos hizo a su imagen y semejanza; pero se nos olvida invocar al Espíritu Santo para que nos ilumine y nos dé el discernimiento y la sabiduría para tener la misma fortaleza del cardón en circunstancias adversas.

“Yo peleé con mi destino / cuando empezaba a cantar,  él me quiso derrotar / y al final perdió conmigo, resolvió dejarme vivo / por mi bien o por mi mal” (Bis). Lo más importante, es que estamos vivos, nuestro corazón late, nuestros pulmones están respirando normal y nuestra sangre fluye. Todavía no estamos en las estadísticas de las quinientas personas que viajan a diario al encuentro con el Señor.

“Yo soy la planta guajira / que en verano no se ve / y apena’ empieza a llover / se ve la tierra tupida / de plantas reverdecidas / a punto de florecer” (Bis).  Tenemos la firme convicción de que estamos llamados a ser luz y sal para todos los que viven en las tinieblas y le han perdido el verdadero significado a la vida. Y somos ese canal de bendición para ayudarles a encontrar un nuevo amanecer.

“Yo soy el cardón guajiro / que no lo marchita el sol / y entre penas y dolor / yo vivo con alegría / yo me llamo Leandro Díaz / amigo de sus amigos / yo soy el cardón guajiro / propio de la tierra mía / por eso es que Leandro Díaz / es parecido al cardón / porque tiene el mismo don / de ser un hombre muy fuerte…”. El Papa Francisco siempre nos está invitando a no dejarnos robar la alegría del corazón, y al igual que Leandro nos exhorta a vivir con alegría muy a pesar de las penas y el dolor.

“Yo me comparo con él, tengo la misma firmeza”.