Pasión y emoción deportiva, y dolor de patria


Las prácticas y competencias deportivas son fuentes recreativas para aficionados y observadores en diferentes modalidades que se programen eventualmente y se lleven a cabo en territorios habitacionales.
El deporte es salud para los cuerpos, en ejercicios naturales como caminar, nadar, flexionar, rodar y jugar; que sirven para expulsar toxinas, fortalecer músculos, relajarse, bajar de pesos, desestresarse y en fin; para muchas cosas de bienestar corporal y mental.


El fútbol es el deporte que ocupa el primer lugar y aficiona de manera general en Europa, África y América Latina, con excepción de Estados Unidos.
Las aficiones se reflejan en los poyos a clubes deportivos y en especial, a las selecciones nacionales de cada país.Campeonatos competitivos, rutinarios y clasificatorios que terminan galardonando con el título de campeón, al que ocupe el primer lugar, entre equipos participantes, generando emoción en la fanaticada.
En Colombia, como en muchas naciones, la atención y el furor por el fútbol es palpable, notoria y apasionante en la competencia que genera los partidos y los deseos triunfalistas, como se percibe en las eliminatorias, nublando y opacando la atención de otro hecho.
Las diferencias y rivalidades se apaciguan superficialmente en júbilo y las emociones expresadas por fanáticos y seguidores, cuando tiene la suerte de ganar. Contrario cuando se pierde, que origina explosiones sentimentales, lanzamientos de ofensas, epítetos y atribuciones de culpabilidad a los derrotados, llevando del bulto los directores técnicos, aún cuando la pérdida se deba al mal juego de quienes conforman el equipo de selección.
La emoción de triunfo, exaltada y desbordada en expresiones humanas, origina muchas veces descontroles por embriaguez y narcóticas, en acontecimientos triunfalistas, de índole nacional, contagiosos en honor patrio.
En países gobernados por mandatarios corruptos, como en Colombia, le caen bien los triunfos de la Selección Colombia, para que gobernados se olviden de malestares, protestas e inconformismos. Mejor aún, si logra clasificar a los mundiales. Los fanáticos y seguidores del seleccionado patrio, confraternado en unidad nacional, apoyando de corazón al equipo de la selección. Pero el apoyo a la selección no debe servir para descuido e indiferencias, sobre necesidades agobiantes, ni para echar por tierra escándalos de corrupciones, robos y “elefantes blancos” que nacen de contrataciones públicas, con daños y perjuicios en causas probadas, sin que pase nada porque opera la complicidad.
El fútbol es un gran negocio deportivo que tienen los dirigentes investigados y empapelados por causa de corrupción y malos manejos en movimientos financieros, generando enriquecimientos ilícitos a directivos de la Selección Colombia que guardan silencio.
No podemos negar el factor distractor y perturbador que consciente e inconsciente, ocasionan los partidos de fútbol de manera global popular, sujeta únicamente a los resultados, dejando atrás los problemas que nos atañe, que no se resuelven porque gane la selección Colombia.
En medio de calamidades de Covid-19 y la ola invernal, con tormentas sísmicas, reaparece la eliminatoria de fútbol para escoger los cincos equipos que representan a Suramérica en el mundial de fútbol 2022, en Qatar-Asia. El seleccionado de Colombia va en decadencia con dos derrotas en seguidillas por goleadas. Cuatro puntos en cuatro partidos, originado la salida del técnico portugués Carlos Queiroz.
El próximo partido será de local con Brasil, en el mes de marzo 2021, estadio Metropolitano de Barranquilla. Si gana se restablece, pero si pierde se hunde y nada se pierde. Me gustaría que saliera adelante en la competencia, dejando claro que los éxitos que logren, con la selección Colombia, solo favorece a directivos, apostadores y gobierno, que tapan hechos de corrupción y tragedias por diferentes causas y motivos.