Pena de muerte o cadena perpetúa

La nación tiene el deber de regular mediante normas constitucionales y legales las sanciones penales relacionadas con castigos a los criminales, por los accesos carnales violentos o mediante engaños a víctimas indefensas, para tipificarlos en el Código Penal.

Aberrantes los hechos de violaciones sexuales que a diario ocurren, denunciándose algunas y ocultando otras, comprometiendo a personas desconocidas, conocidas y hasta parientes de las víctimas, pero los depravados violadores tocan partes genitales de los niños, intimidan, amedrantan y amenazan, aprovechando la inocencia, la desprevención del peligro, lugares y oportunidades para agredir a sus víctimas, contra su voluntad y por la fuerza, para que estas callen y no los denuncien aterrorizándola.

El violador es un criminal que asecha a las personas valiéndose de la confianza para saciar y descargar su perversidad, terminando por matar algunas veces a las víctimas cuando esta se resiste a la acción del agresor, en procura de creer ocultar los hechos y las malvadas acciones. Contra violadores no se debe tener consideración ni mucho menos compasión, aun cuando muchos de ellos también hayan sido víctimas de violación. Es inconcebible conceder detenciones domiciliarias a individuos judicializados por el referenciado crimen.

Los niños deben estar bajo las protecciones físicas tanto del Estado, el conglomerado social y de manera especial del seno familiar, quienes deben velar por la atención y prevención del peligro, relacionados con imágenes de connotación sexual. De igual forma, educarla en lo relacionado con su cuerpo para que no se vaya dejar manosear y denunciar ante los parientes o personas mayores, las propuestas e insinuaciones, de quienes pretenden accederlos para violarlos. Esta no necesariamente tiene que haber sido de manera agresivas, ni mucho menos que sea resistido por la víctima, basta los comportamientos y conductas implícitas causadas.

La cadena perpetua es peor castigo que la pena de muerte. Si me pusieran a escoger entre las dos, escogería la última, porque los muertos no sufren a diferencia de vivir pagando una condena hasta cuando muera, con castraciones químicas y obligados a trabajo forzado no remunerado, limitaciones de visitas y comunicaciones.

Los niños deben de gozar de toda la seguridad, partiendo del hogar familiar, espacios públicos y privados, establecimientos y en todos los lugares de relaciones humanas. Las autoridades penales han sido poco rígidas en las investigaciones y pasivas con reincidentes, lo que permite al abusador modificar las estrategias de amenaza y silenciamiento, atemorizando a las desprotegidas víctimas.

No sólo los autores materiales deben ser castigados, también debe condenarse a todos aquellos que encubran a los autores o tuvieron conocimiento en condición de testigo o por información certera, se callaron y no denunciaron. El violador criminal es un peligro que se debe rechazar de hecho, para no tener que lamentar funestos y trágicos insucesos.

No podemos seguir siendo unos observadores pasivos, temerosos e indiferentes de los acontecimientos notorios que atenten contra los niños de manera evasiva.

La solidaridad y la justicia pronta y cumplidas que depende no sólo de quienes administran (jueces), sino también de las reacciones y exigencias populares en patria democrática. Todos los que violen y asesinen niños deben publicitarlos en los escarnios y plataformas públicas, en museos y páginas web, para que perduren y sensibilicen prevención.

Ya son muchas las muertes de niños menores de 12 años víctimas de violaciones y asesinatos en distintos lugares del territorio nacional, provocando reacciones de ira popular y marchas fúnebres sin que se tomen drásticas medidas contundentes para frenar el flagelo maligno.

El Congreso está en mora de tomar la decisión de aprobar la condena perpetua, exhortada de manera popular mediante una reforma constitucional que se requiere para reformar artículos correspondientes a derechos fundamentales.

Los niños no pueden ser presa fácil de cualquier individuo repudiable, expuestos al acceso carnal violento o no. Quienes los irrespeten con acosos, actos generadores de mortificaciones y falsos halagos engañosos, deben no solo reprimirlo sino castigarlos severamente, con penas punitivas de libertad para menguar el alto índice estadístico de hechos sexuales contra los niños.