Periodos del vallenato desde el título de canciones

La titulación de las canciones cambia de un periodo a otro, lo que lo asocia con cambios socioculturales, comerciales y de influencias entre géneros. El vallenato tuvo un periodo inicial del cantor que era un  campesino, en el que la práctica musical se hacía cara a cara, motivos locales y bucólicos y el autor canta y toca. En este mismo periodo aparecen luego los “juglares”, llamados así por su enrancia. Los títulos de sus canciones solían ser muy explícitos, concretos y breves: ‘El pleito’, ‘La carta’, ‘La despedida’, ‘A puño molío’, ‘El leñazo’, ‘La puerca mona’, ‘El guarapo’. También calificativos como ‘La fregona’, ‘La celosa’, ‘La vaciladora’, ‘La inconforme’.

El hábitat rural y campesino le suministraba referentes del mundo animal que eran muy recurrente como título: ‘Chucho, marimonda y maco’, ‘Cuando el tigre está en la cueva’, ‘El zorro’, ‘El jerrejerre’, ‘El toro Tutencame’. Una fórmula retórica muy usada por los autores, fue la del tropo de comparar al hombre con un animal macho depredador y a la mujer con una dócil “palomita” o pollita: ‘El gavilán de Paraíso’, ‘El gavilán peligroso’, ‘Gavilán javao’,  ‘El tigre de Las Marías’, ‘El zorro majagualero’,  ‘Palomita volantona’, entre otros.  Si la canción se componía para una mujer, generalmente, el título de la canción llevaba ese nombre. Calixto Ochoa le compuso  a ‘Miriam’, ‘Martha’, ‘Marily’, ‘Diana’, ‘Norfidia’, ‘Irene’, ‘Crucita’.

Un segundo periodo es de los que podríamos llamar trovadores, se trata del periodo lírico de la canción vallenata que inaugura Gustavo Gutiérrez. Este autor ya era de procedencia rural, pero que vivió en la ciudad, tuvieron estudios superiores, bebieron de la poesía culta. Era un autor que pasaba de cultura oral a la escrita y ya comienzan a escasear los referentes concretos como nombres de personas y lugares.  Esa influencia de la lírica occidental,  el bolero y la balada, es notoria en títulos como: ‘Suspiros del alma’, ‘Canasta de ensueños’, ‘Sueños de conquistas’, ‘Beso de luna’, ‘Delirio’, ‘El cansancio de poeta’, ‘Relicario de besos’.

Un tercer momento es el del vallenato urbano y sensiblero, una tendencia muy marcada en los años 90, cuando los autores e intérpretes penetraron el mercado andino con una oferta de canciones de tiempo lento, motivo amoroso, carga de despecho y melodrama. Autores como Omar Geles,  Efrén Calderón,  Tico Mercado, Antonio Meriñoo Wilfran Castillo eran los principales referentes. Ahora la influencia era de la música corta venas con la imagen de un hombre derrotado y arrodillado, suplicando migajas de amor a una mujer fatal;  la salsa erótica, la telenovela rosa. Son comunes títulos que expresan la postración y dolor del autor: ‘No te vayas’, ‘Qué hago si te pierdo’, ‘Cómo me tienes’, ‘No te olvides de mí’, ‘Sin ti no hay cielo’, ‘Me dejaste sin nada’, ‘Tú no tienes alma’, ‘No he podido ser feliz’, ‘Qué será de mi’.

El último y actual periodo es el del movimiento conocido como nueva ola. Es un periodo en el que los jóvenes toman el protagonismo del vallenato y le ponen su sello su jerga. Como caso curioso, se volvió a poner de moda los títulos cortos como en el periodo campesino: ‘El terremoto’, ‘La gringa’, ‘La aplanadora’, ‘El fajón’. Se retoman los calificativos para las mujeres: ‘La espelucá’, ‘La musiquera’, ‘La caimana’, ‘La mete mono’, ‘La hombre riega’, ‘La joyita’,  ‘Novelera’.

La tendencia es hacia los títulos con actitud desdeñosa hacia la mujer: ‘Chao contigo’, ‘De tejé’, ‘Te cancelé’, ‘Contigo no voy más’, ‘No me busque más’, ‘Te corté’, ‘Ábrete’, ‘Piérdete’.  Se suma a esta la jerga juvenil: ‘Vivo en el limbo’, ‘Se va a formar’, ‘Hasta más’, ‘Tú me tramas’, ‘No aguanta’, ‘Me caíste al pelo’, ‘Me tiene tramao’,    ‘Coge el mínimo’, ‘Por ella pierdo el año’, ‘Barro esa jugada’, “Te empeliculaste’, ‘El plan B’. También la onomatopeyización como señal de precariedad verbal: ‘El ring, ring’, ‘El ples, ples’, ‘Pin pon pam’, ‘El birimbindeo’, ‘El tan tan’,  ‘El chas chas’.

En el arte, cada generación pone su marca, y esta inicia con la manera de denominar, sucede desde los nombres de las personas hasta de las canciones, una excusa para, en el caso del vallenato, rastrear su permanente construcción a través del tiempo.