Política al servicio del bien común

, política de Estado al servicio de todos de interés general. El primero que habló de política fue el filosofo griego Aristóteles en su famosa obra La Política con su tesis filosófica “La política debe ser para bien de la comunidad, evitando que el hombre público se apodere de los intereses comunes (verdadera política) donde prevalece el interés general sobre el interés particular tal cual lo dice la Constitución Política; y fines esenciales del Estado servirle  a la comunidad con prosperidad general, para mejorar la calidad de vida de la gente del pueblo.

Estamos viviendo un mundo de intereses personales donde se confunde la verdadera política con la politiquería, donde la apariencia reina y es difícil medir el sentimiento que implica factores inconscientes por instinto de intereses particulares, desviando lo consiente de la razón de lo que en realidad es la verdadera política; por lo tanto debe haber un cambio en el pensamiento social y la ideología política hacia el bien común.

Política de Estado: La mente del hombre público debe ser un jardín sin malezas, hay que ir acabando con lo que hace daño a la sociedad que no son bienvenidos al pueblo; ya es tiempo de aplicar el colador de la restauración moral, sacudir para sacar lo malo y dejar lo bueno, dándole espacios libres al bien común fortaleciendo el tejido social y que el gasto público debe ser al servicio de lo social de los pobres, dice un adagio: “El mejor Gobierno es el que favorece a los pobres dándole legitimidad al Estado cuyo objetivo fundamental en las políticas públicas como ente jurídico (derecho) y político (bien común) dotado de atributos que le son propias particularmente de ser poder soberano tiene que cumplir determinados fines los cuales constituyen verdadera política en la búsqueda del bien común; otra política de Estado la inversión social debe ser para bien de la comunidad, dándole la mano a las necesidades que no hay quien las quiera, pero en cambio el apetito político de los bienes públicos que no deben ser de interés personal, ansiedad del desgreñe del erario público, lo poquito que queda se convierta en limosna de los pobres, necesidades insatisfechas. Art. 366 de la Constitución Política.

A veces nos mueven las emociones a la hora de votar los intereses políticos, la burocracia, el clientelismo que no es la razón de ser de la verdadera política al servicio del bien común.