Populismo y castro chavismo: versión de la derecha colombiana

La angustia del régimen languideciente obliga a dar un viraje ideológico impensable, otra semejanza con gobiernos antípodas bautizados como Castrochavistas y ahora por un novedoso Petro-Madurismo recientemente estrenado por un esquirol en su empeño por granjearse la simpatía del Gran Jefe incluyó el neologismo en su ya típica y gastada consonancia conceptual. Los acontecimientos desarrollados en el escenario colombiano comprueban que los extremos se tocan y terminan pareciéndose entre sí. Las identidades del uribismo con el madurismo en lo que atañe a cooptación institucional, ahora se refuerzan con la puesta en práctica de políticas asistencialistas. Están asimilando y copiando sin sonrojarse otra faceta de las más cuestionadas a esos gobiernos. Entraron a saco a practicar asistencialismo puro y duro, por ende, supuestamente a multiplicar pobreza. ¿Quién los entiende?

Estamos en presencia de un sancocho populista de derecha. Mezcla denominada por De La Calle “un régimen novísimo: derecha, autoridad, populismo punitivo, dentro de un mar de ayudas personalizadas”. Puede terminar muy mal, les desluce, contradice abiertamente lo que tanto pregonan y “promueven”: esfuerzo individual, limitación de la participación estatal a asuntos esenciales para garantizar el funcionamiento de la sociedad. Las políticas asistenciales no constituyen la esencia de sus postulados socioeconómicos, el experimento es un salto al vacío, no se sienten cómodos ejecutando esas artes.

El híbrido en ciernes desdice la ortodoxia económica a la que son afines los gobernantes de derecha y sus correligionarios. La manida tesis del asistencialismo como factor promotor de pobreza y multiplicador de los atenidos estatales en los gobiernos progresistas o de izquierda no podrá seguir siendo usado como caballito de batalla. Qué dirán ahora, que Duque pretende usar políticas asistencialistas, ayudas personificadas, como eje de su agenda social, – no optó por la Renta Básica- y ahora se inclina por ayudas directas, individualizadas, apelando al clientelismo más ramplón y vulgar. Justamente con recursos estatales, este ardid clientelista y de evidente sesgo mercantil-electoral a no dudarlo será complementada con ‘Ñeñes’ y Aidas Merlanos de turno.

Como instrumento se usará la Reforma Tributaria, la misma que en un acto carente de transparencia viene “socializando” exclusivamente con partidos políticos de la coalición y por supuesto con grandes empresarios, los llamados cacaos. ¡Ojo¡ los grandes empresarios en la mesa haciendo lobby justamente para preservar intereses, rentas y empresas, a fin de minimizar el apretón sobre ellos, que recaiga como es habitual sobre la clase media y trabajadora. Apelando nuevamente los grandes cacaos a sus teorías prehistóricas y mendaces: gravar sus ganancias desestimula la generación de empleo, cuatro décadas con el mismo embuste.

Se vislumbra la meta de recaudo en $ 25, 4 billones y nos quitará el 56% de los ingresos excedentes. La reforma se presenta como amplificación de ingresos tributarios, para ampliar gastos sociales, – mejorar la distribución del ingreso, objetivos Castrochavistas y herejías para un gobierno de derecha; otro propósito es reducir exenciones tributarias y elevar el impuesto a la renta para personas naturales. Prevé que el 30%, $ 7,5 billones del aforo serán destinados a morigerar efectos sanitarios en los sectores más vulnerables.

Propende un objetivo fiscal clave: asegurar sostenibilidad del gobierno en la relación Deuda Gobierno Central/PIB para evitar desbordamiento de esa relación por encima del 70%, y en vista de que el periodo pandémico ha pasado del 35% al 52% en el periodo pre-pandémico. Mejorar la formalidad laboral de Colombia, argumento reiterativo y fallido, por último: allegar recursos de solidaridad en pos-pandemia para estratos bajos y ancianos indigentes. Vaya paradoja, uno de los fundamentos de las propuestas de redistribución hacia los más vulnerables propias de gobiernos progresistas, criticadas con ferocidad, sonarán ahora como música a los oídos de la derecha colombiana. Populismo ejecutado por un partidario.

Punto crucial de la reforma es el esfuerzo adicional para alcanzar objetivos del recaudo que ascienden al 5% del PIB, tiene como principal fuente de recaudo la profundización del IVA a la tasa del 19%. A través del IVA se aspira a recoger un 2% de ese 5%. Toda reforma que tenga al IVA como principal fuente de financiamiento es regresiva. Para no desentonar la disfrazan eufemísticamente: “Ley de Solidaridad Sostenible”, igualmente invocada Agenda de Transformación Social, que apelando al acrónimo alguien ingeniosamente tituló atraso.