Por una Guajira renovada y transformada

Los guajiros tenemos nuestra imagen rodando por el suelo. Necesitamos levantar la mirada al cielo y desde una perspectiva optimista construir un proyecto de Departamento.

Con un plan maestro de desarrollo como eje rector articulado con el modelo de desarrollo nacional. Con una excelente gestión parlamentaria con resultados efectivos. Con un gobernador que sea un verdadero líder natural y no una marioneta de otros que lo manejan desde afuera y que, en cuerpo ajeno, son quienes mandan. Un departamento con un verdadero plan estratégico de gestión y una agenda temática de iniciativas de desarrollo territorial identificadas y viables. Con unos gremios y una academia que sean protagonistas de su desarrollo y una sociedad civil realmente participativa y con espíritu visionario y progresista.

Atrás debe quedar el clientelismo político al por mayor y al detal, junto con las empresas y familias electorales y el modelo administrativo para pagar deudas de campañas. También ese modelo proclive a la improvisación y al sistema de ensayo y error porque el tiempo apremia y los agiotistas políticos también. Hay que poner orden en el Palacio de la Marina y en los 15 palacios municipales. Saneando las finanzas públicas territoriales. Cerrando las venas rotas que han vuelto inviables por los pasivos contingentes a nuestras entidades territoriales como consecuencia de los embargos, demandas y sentencias judiciales por un total estado de indefensión y falta de seguridad jurídica. En adelante, hay que ejecutar planes maestros con visión de largo plazo, a través de la ejecución de planes parciales en cada cuatrienio de gobierno para no interrumpir el desarrollo ni continuar con los famosos elefantes blancos. La Guajira requiere una mejor interlocución con la nación, trabajando en varios frentes y de manera articulada, la institucionalidad, los congresistas, los gremios, la academia y la sociedad civil organizada.

También se requiere que los mandatarios inviertan los recursos públicos en los proyectos más pertinentes, focalizando el gasto público en lo social y en la gente, contrarrestando la inseguridad alimentaria, la crisis de la red pública y de la gratuidad de la educación.

Necesitamos que se elijan gobernadores, alcaldes, diputados y concejales, con una cimiente incorruptible y temor de Dios y que suscriban un pacto por la moralidad pública para acabar con la corrupción administrativa y electoral hasta mejorar la imagen de La Guajira. En La Guajira necesitamos una sociedad superior, educada y sana. Donde podamos vivir en paz y sin envidia, asociándonos unos con otros y con mejores estándares de calidad de vida. Viviendo como hermanos y patriotas en medio de las diferencias y coincidencias. Construyendo permanentemente puentes que nos unan y derribando aquellos muros que nos han mantenido separados. Necesitamos un departamento donde nuestra gente vuelva a soñar y a creer en sus hombres, en los políticos y dirigentes de la región. Pero para lograrlo necesitamos hombres y mujeres renovadas de pensamiento y de corazón y con la mirada firmemente puesta en Dios y en el futuro de su tierra.

La Guajira requiere un giro de 360 grados, cambiando estereotipos y paradigmas que se parezcan al holocausto que vivimos como producto de la irracionalidad, la codicia, la ilegalidad y el contubernio con el bajo mundo y el dinero fácil. Hay que volver a la pedagogía ciudadana desde el hogar para combatir esta sociedad antivalores, comenzando por la familia como célula principal de la sociedad. Hay que valorar más el mérito y la exaltación, las habilidades y destrezas de las personas y no solo pensar en el dinero como si fuera el dios de hoy. La Guajira no solo requiere cosméticos y tallarla para presentársela a la sociedad colombiana como siempre han querido verla. Como una princesa india que creen que está de venta. No, La Guajira renovada y transformada requiere de sus mejores hijos y sus mejores cerebros, de sus mejores ciudadanos y sus mejores contribuyentes, de sus mejores académicos y sus mejores agremiaciones. Pero, sobre todo, requiere de sus mejores gobernantes y sus mejores electores, esos que votan a conciencia por los mejores candidatos, pensando en las próximas generaciones y llevando la cultura y el desarrollo de La Guajira de la mano para construir un reino de prosperidad, como modelo de desarrollo del Caribe y la nación con recurso humano netamente guajiro.