Postmodernidad o estructura de la conveniencia

Para avanzar en lo posmoderno debemos saber qué es lo moderno. La mejor manera de saberlo es mediante una tipificación, para el efecto hagamos una caracterización de un ideal moderno: ser moderno sugiere ser racional, estar asociado a una creencia, profesar una ideología y pensar que existe una posibilidad de salida o mejoramiento del hombre y la sociedad.

Por el contrario, el posmoderno se encuentra libre de ideologías y creencias, no sigue modelos racionales, no busca finales felices, es práctico, oportunista, acomodaticio y realiza exitosos ejercicios de cálculo de placeres. De esta manera un postmoderno, tiene clara la idea de los sucesos. Es un individuo impermeable y antiparabólico. A mi modo de ver este personaje siempre ha existido, pero ahora se coloca el ropaje del movimiento filosófico en boga. Como lo dice el tango Cambalache, preferido por el expresidente Belisario Betancur: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador. ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor!”: Con un sentido práctico me da por pensar que la separación entre modernos y postmodernos, no tiene otra excusa que establecer una línea entre dos actitudes hacia la vida, pero fundamentalmente detectar cómo nos comportamos en los contextos sociales, si estamos comprometidos con ideales o si por el contrario nos importa muy poco lo que sucede en nuestros entornos.

Me parece señalar que el posmoderno actúa y decide en defensa propia. Los posmodernos no tienen propuesta de futuro, y ridiculizan cualquier proceso racional de planificación, pues centran la atención en lo temporal y en la utilidad del corto plazo. Al igual que lo afirmara Keynes “a largo plazo estaremos muertos”, los posmodernos no les interesa vincularse en procesos que requieran compromisos que superen las horas útiles del día.

La tarea de la posmodernidad es desmontar la idea de progreso, de cambio, de transformación. En mi opinión la posmodernidad debería pronosticar el desastre, no lo hace, no le interesa hacerlo. La idea del posmoderno es el cuarto de hora. Más adelante puede sobrevenir la catástrofe.

El posmodernismo de esta manera cumple una tarea histórica: fractura la idea de comunidad. Disgregada la comunidad queda el individuo. Se acentúa el comportamiento del individuo en lo privado. En mi opinión, la tarea lo ha hecho muy bien. Una vez rota la colectividad, no pueden pensarse en aspiraciones conjuntas. Es decir, realiza una tarea política, fragmenta la organización social y política. De esta manera, no hay construcción de futuros, los discursos ruedan por el suelo, la idea de movimiento cede ante la idea de inmovilidad. En los partidos políticos puede evidenciarse esta manifestación.

Los partidos políticos sin ideología, son solo organizaciones de conveniencia, maquinas de intereses para lograr el poder. Las ideologías se evaporan con la misma velocidad que ingresa insumos tecnológicos, mercadeo y redes sociales.

El postmodernismo es compatible con la pluralidad y lo heterogéneo, lo que permite que cada quien tenga la razón. De esta manera, como postmodernista puedo pensar lo que se me antoja y tener un egoísta pluralidad que acabara consigo mismo, desconociéndose que todos somos construcciones sociales.