¿Qué más haría un pueblo hambriento?

Las trilladas frases del gobierno y de algunos medios de comunicación afines al mismo, acerca de los orígenes de la situación actual y del inconformismo son el gobierno de Maduro, la insurgencia armada o sencillamente los vándalos. Frases que buscan las causas por fuera y obligan a los colombianos a no mirar su propia realidad. Llama la atención que desde el mismísimo presidente, políticos enmermelados y ciudadanos desconectados; y, sobre todo, algunos periodistas se pregunten el motivo de la protesta. En su lógica no hay razones, solo que quieren incendiar al país o estos jóvenes se están dejando manipular como borregos al matadero.

Los datos más recientes del Dane muestran que más de la mitad de la población se mueve entre la pobreza y la indigencia, es decir, que la mayoría de las familias no comen en forma regular y programada, sino cuando haya comida; cosa que día a día es más difícil. Algo así como una cuarta parte del país solo come dos veces al día y escandalosamente 200.000 hogares solo lo hacen una vez. Esto no solo lo dicen las cifras, se ve en la fisonomía de las personas y en el incremento de la gente pidiendo comida en las calles.

Es incuantificable la hipocresía de algunos que se preguntan por las causas de las protestas, para ellos injustificadas. A manera de ejemplo, pero ocurre en toda Colombia, llama la atención, la alarma nacional cuando se paralizan los puertos de La Guajira y Chocó por “las pérdidas diarias”; mientras tanto, una indolencia total y absoluta por la suerte de indígenas y negros en esos territorios el resto del año, que ven pasar inmensas riquezas y a ellos no les quedan sino migajas y ambos pueblos agonizan con los peores indicadores de desarrollo humano. Como dice la famosa canción “No hay colegio pa´l estudio, ni hospital pa´ los enfermos, todavía andamos en burros y en cayuquitos de remos”.  

La actual explosión social, se veía venir, solo que tenemos una administración totalmente desconectada de la realidad. Fue la pandemia la que le puso un alto, pero a la vez incrementó el hambre y la miseria. El colmo de la insensatez y estupidez fue tratar de imponer una reforma tributaria que ahondaba las brechas económicas del país, fue el detonante del Paro Nacional, agravado y prolongado por la represión y brutalidad policial. La cantidad de muertos, heridos y desaparecidos hasta hoy habrían podido evitarse. Los jóvenes han sido los que han liderado y así mismo son los que han derramado su sangre en busca de un país mejor. Peor aún es la respuesta del Estado de incremento de la represión con las Fuerzas Militares.

Por mucho que inventen y manipulen con sus medios privados, a la vez oficiales, no tienen la hegemonía de la información, no pueden tergiversar una realidad que a todos nos golpea en la cara y que circula impune por las redes sociales. Duele tanto el hambre, la brutalidad como la mentira; ese cóctel hace más explosiva la situación. El paro nacional surge como una reacción a muchas necesidades, injusticias, corrupción extrema con impunidad total ante los ojos de la población. La reforma tributaria fue la gota de sangre que rebosó el vaso, hoy convertido en un torrente que baña nuestras calles y ha desatado una indignación, violencia y odio extremo de un pueblo que no aguantaba más.

Ya es imposible ocultar la realidad, la que políticos corruptos e hipócritas y medios de comunicación esconden. Es mentira que somos de los más felices sobre la tierra y que la situación por la que atraviesa el país es un designio divino, por lo que, al no haber razón para protestar, los que lo hacen son vándalos o de las Farc o del ELN. La brecha social es una realidad abrumadora que se expande y se hace más profunda, los jóvenes que hoy mueren en las calles perdieron todas las oportunidades de educación, salud, seguridad alimentaria y empleo. También perdieron el miedo y no temen perder sus vidas.