¡Qué vivan los suegros!

Antes de tomar la decisión de casarme con mi esposa, realicé una maestría en suegrología. En esa trayectoria descubrí que para llevar una relación de pareja feliz, necesariamente, hay que manejar excelente relación con la suegra. Conozco varios matrimonios de familiares míos, fracasados, por no llevarse bien con la suegra. Y concluyo, que eso les pasó, ¡por brutos!

¿Cómo vas tú a manejar mala relación, con la mujer que tuvo en su vientre, durante nueve meses, a tu mujer o esposa? ¿Cómo vas tú a pretender llevártela bien con tu esposa, a cambio de hacerle la vida imposible a quien la trajo al mundo, y la crió? ¿En qué cabeza te cabe a ti, que habiéndole sacado de su casa, una criatura hermosa, sangre de su sangre, y hueso de sus huesos, te vaya a dejar la vida tranquila, a sabiendas que tú no gustas de ella?

¿Qué se te ocurre pensar, que tú la amas más que la mujer que la parió, y le dio el tamaño que tiene? Cipote lío en el que estás metido.

Yo, hace muchos años, entendí la teoría de Nicolás Maquiavelo: “si no puedes con tu enemigo, únete a él”.  Lo he puesto en práctica y me ha dado excelentes resultados. ¿Póngase usted a pensar? Cuando usted, se va con su esposa para discoteca, y tiene los hijos pequeños, ¿dónde los deja? Donde la suegra. O ¿me va a decir que donde el vecino?

Si la situación en la casa se puso difícil, y hay temporadas en que la nevera parece una piscina: agua y luz, ¿a quién acudes para pedir ayuda? ¿No me digas que al vecino? Si la suegra tiene vehículo, y usted no, y ella ve que necesitan salir, ¿a quién prefiere ella?, ¿al hijo?, o ¿al yerno? Lógicamente, si usted tiene los cables pelaos con la suegra, ella se lo suelta a sus hijos, y a usted ni lo mira. Pero si la relación está buena con su suegra, de seguro que lo prefiere a usted. Tenga presente para toda la vida, que aquí lo que está en juego, es la felicidad.

Ningún padre en el mundo, quiere que un hijo suyo, fracase, y mucho menos con un degenerado, como usted, y como yo. Siempre tratarán apostárselo todo, a cambio de la felicidad de sus hijos.

¿Quién va a querer más a un hijo suyo, después de usted y su esposa? Lógicamente, que su suegra. Acaso usted no ha entendido que es la prolongación de su existencia. Así, que trate en lo posible de llevársela bien con sus suegros. Son un tesoro. ¡Qué vivan los suegros! Y, el que se meta con los suegros, se la va a ver, es conmigo. Amen a sus suegros.