¿Quién está secuestrado?

Por José Luis Arredondo Mejía

Me tienen secuestrado vociferaba falaz y teatralmente Uribe. Secuestrado está el país, rapto que comenzó a fraguarse el día que las Farc en alevoso y criminal episodio asesinaron a su padre. En esa fecha se desencadena una vindicta familiar contra las Farc. Por circunstancias del destino Uribe Vélez accede al poder e instrumentaliza los medios estatales a efectos de cumplir con la vindicta. El episodio aciago ha marcado el devenir reciente de Colombia. Los demonios y las obsesiones insuperables de Uribe han  mantenido rehenes a sus seguidores y al país.

Durante dos interminables décadas la nación ha estado subordinada a los caprichos e intereses de un individuo. En ese interregno la esquizofrenia colectiva a permeado el comportamiento. La polarización ha sido terreno abonado para mezquindades al antojo de minorías perversas e insensibles. Las decisiones políticas, económicas y sociales así lo atestiguan. Predominan factores negativos: menoscabo de frenos y contrapesos institucionales, acumulación monopólica de poderes por un partido político.

Transparencia Internacional manifestó reparos y preocupación por la excesiva concentración de poder. Paulatinamente nos acercamos al abismo. Encabezamos Ranking en: corrupción, narcotráfico, desigualdad social, asesinato de líderes sociales, violación de derechos fundamentales. Difícil encontrar otra nación con singular contexto. El mérito atribuido al Mesías, el socorrido estribillo que podemos transitar libre y tranquilamente por las carreteras y nos devolvió la seguridad. Las madres de Soacha, los moradores de las zonas donde ocurren las masacres y otros núcleos poblacionales con toda probabilidad piensan algo muy distinto.

En el cúmulo de contradicciones e incoherencias referiremos una de las más clamorosas.Odian todo lo que Uribe odia, no escatiman en su animadversión a Santos, a pesar de haber sido más efectivo en el desmantelamiento de las Farc que el propio Uribe. Incomprensible, teniendo en cuenta que otro elemento aglutinante del Uribismo es el odio visceral a las guerrillas. Santos fue ministro de Defensa en el gobierno Uribe. Posteriormente como presidente le propinó a las Farc golpes tácticos y estratégicos claves, y con el Acuerdo de la Habana inmovilizó y desarmó a 13,000 combatientes, neutralizó 10,000 milicianos sin disparar un tiro. No obstante los uribistas añoran y ponderan la gesta del ídolo de haber menguado la fortaleza de las Farc, estando de por medio miles de ejecuciones extrajudiciales eufemísticamente denominados falsos positivos. El miedo y el odio son dos grandes catalizadores de la “doctrina”.

Imposible soslayar la estigmatización contra la Corte, insólita, aberrante y exótica campaña difamatoria digna de mejores causas. Un expresidente desde una poderosa trinchera disparando impunemente diatribas, señalamientos, acusaciones. Retando la lógica, el sentido común, la sindéresis.La más reciente extravagancia es la dilapidación de 40.000 dólares mensuales sufragados a una agencia publicitaria gringa  para desacreditara la  Corte, a Cepeda y restaurar la imagen del ídolo en Estados Unidos. Mercantilización a ultranza: compran votos, compran testigos, compran imagen. A esa campaña restaurativa, coincidente con la desclasificación de documentos del Pentágono que sugieren nexos de Uribe con el narcotráfico y el paramilitarismo, la organización Wolale monta una campaña antagónica.