Receta: La Mujer Perfecta

Hace como 3  años me llamó una pastora amiga a invitarme a predicarle a las mujeres de su iglesia: “Quiero que les hables de la receta perfecta, tendrás como ambiente una cocina y te colocarás un delantal y un gorro de chef” confieso que nunca antes me habían pedido una prédica tan específica. La receta perfecta. Me daba vueltas en la cabeza. Una receta perfecta para mujeres debía ser algo que funcionara en la práctica. ¿Cuál sería esa receta que yo hubiese probado y pudiera certificar que es perfecta?

Al final decidí escribir Mi receta para ser La Mujer Perfecta. Lo primero y más importante era definir lo que  para mí es una mujer perfecta:  es aquella que sabe que no lo es, pero que está contenta de no serlo. Es aquella que aprendió el maravilloso arte del me resbala, se puso su vestido de hule y encima le echó aceite. Mujer perfecta es aquella que hizo las paces con sus miedos y aprendió a vivir con ellos, la mujer perfecta dejó atrás el pasado, vive en un presente eterno,  sin preocuparse demasiado por el futuro. Una mujer perfecta es aquella que aprendió a identificar sus sentimientos y a colocar cada uno en su lugar, preponderando y priorizando los siguientes, que para mí son los ingredientes que no pueden faltar en una mujer perfecta

1.     Amor: a Dios en primer lugar, lo cual te centra, te da pertenencia e identidad. Amor por ti misma, porque sin él es imposible dar amor, mucho menos recibirlo. Cuando te sientes amada, te sientes segura e inspiras a que te amen. No hay nada más seductor que alguien que se ama así mismo, nadie lo rotula, no se deja encasillar, no vive para parámetros sociales, es libre para amar. Una mujer que decide amar porque le da la gana de entregar su amor sin esperar amor a cambio.

2.     Perdón: quien encuentra su identidad personal, puede decidir ofenderse o no, y cuando se ofende será con alguien que valga la pena perdonar. Normalmente son los padres, hermanos, esposas, hijos y amigos verdaderos. Para ellos debemos tener el perdonador en automático, entre más rápido perdonamos más felices somos. Con los demás ni siquiera debemos ofendernos, para eso el traje de hule es muy bueno. Entender que nada es personal a menos que lo sea, y comprender que el otro está enojado, amargado, porque aún no ha decidido vivir su vida, es buen aceite pa’ que todo resbale.

3.     Confianza: en ti y en los otros, se nos ha olvidado creer, siempre estamos a la defensiva, como si nadie fuera digno de confianza, solo nosotras. Es aburrido vivir en sociedad desconfiando todo el tiempo.  Por confiar, la vida me ha golpeado más de dos veces, como dijo El Cacique, pero me resisto a vivir paranoica, y decidí confiar en la gente. Nada más inspirador para un hombre que una mujer que le tiene fe. Loreta a dar lo mejor para ella. Y cuando lo hace se lo agradece, más aún, necesita de ella.

4.     Felicidad: una mujer feliz es lo más atractivo que existe, es un imán, todos quieren estar alrededor de ella, untarse de ella, reír con ella. La quejadera y la negatividad asustan, alejan. Una mujer feliz es una mujer completa, se siente bien y cómoda con ella, puede estar sola y ser feliz, tener pareja y ser feliz, no depende de otro emocionalmente.  El que quiera estar con ella debe entrar en su onda.

5.     Picardía y Coquetería: el maravilloso arte de la seducción sutil, elegante y sensual, no tiene nada que ver con provocaciones, insinuaciones o ir detrás de… es un asunto de inteligencia emocional; déjate conquistar, los hombres están diseñados para ello, no para ser conquistados.   Déjate extrañar, si estamos 24/7 no tienen tiempo de saber si somos o no importantes en sus vidas, piérdete de vez en cuando, dos cosas vuelven loco a un hombre no saber dónde está el control del televisor y no saber dónde está su mujer. Mantente siempre limpia, arreglada, perfumada, aunque estés en casa. No escatimes en piropos, en reconocimientos, en agradecimientos, y solicita los tuyos.  La mejor coquetería es ser tú, ser feliz, ser divertida. Ríete de todo, gózate todo, disfruta tu regalo divino, tu hombre.