Recordando a Pedro Pascasio Martínez Rojas

Por Jesús Córdoba

Tal vez este nombre no le llama la atención al parroquiano colombiano, no está teñido de gloria como nuestros héroes comunes: Bolívar, Santander, Antonio Nariño, José María Cordoba, Camilo Torres, el mismo José Antonio Galán, Policarpa Salavarrieta, para parar la lista.

En la Historia de Colombia, sucede algo peculiar, se encuentra llena de personas, hechos y fechas que pasan desapercibidas algunas personas que tienen una valía incalculable y que pueden ser modelo para una sociedad donde la corrupción campea sin restricción alguna.

Por ello el 7 de agosto de 2020 es una fecha propicia para recordar y rememorar nuestro mártires y héroes que dieron su vida y honra por la libertad de estas tierras sujetas del yugo español y otros países europeos, nombres y hazañas que quedaron en nuestra mente para siempre sobre todos aquellos estudiantes que tuvimos la dicha de repetir de memoria los textos de Historia Patria e Historia Antigua o Universal.

En uno de esos textos cuyo nombre no recuerdo exactamente, tal vez en la ilustrada Cartilla Alegría de Leer, la Cartilla Charryuotra, se encontraba una lectura obligatoria titulada ‘La leyenda del niño soldado honrado’, siempre sentí admiración por la lealtad de este muchacho libertario.

Pedro Pascasio es un soldado patriota desconocido y no es de reclamar cuando uno más comprometido con la independencia de América del Sur, nuestro orgullo guajiro almirante José Prudencio Padilla poco se le tiene en cuenta su heroísmo y aporte a la causa de la libertad, inclusive fusilado por sus propios compañeros de lucha tras haber sido acusado de conspirar contra la vida del libertador la famosa noche septembrina de 1828.

Según la literatura patriota de anaqueles, Pedro Pascasio Martínez, fue un jovencito campesino que, movido por el fervor de la emancipación de España, antes de cumplir los 12 años se unió a la causa libertadora, era plenamente un niño de la revolución, había nacido en el municipio de Belén (Boyacá), el 20 de octubre de 1807, su familia eran campesinos muy pobres que trabajaban en las extensas tierras del terrateniente Juan José Leyva y Pedro era uno de los sirvientes de la familia Leyva.

Pedro se inspiraba en sus sueños de libertad en las conversaciones revolucionarias que oía de sus amigos criollos y sus patrones sobre los progresos que estaba realizando Simón Bolívar en ese tema, pero nadie tomaba en serio a Pedro, puesto que era solamente un niño.

Pero… algo sucedió que le cambió su destino por completo. El 18 de julio de 1819 Simón Bolívar llegó a Belén y se instaló en la casa de Leyva. No se sabe qué pasó allí, pero el hecho fue el que Bolívar encargara el cuidado de su caballo a Pedro.

En la noche del 7 de agosto de 1819, luego de la derrota de las tropas españolas en la batalla de Boyacá, el comandante del ejército español José María Barreiro se ocultó junto a otro oficial bajo unas rocas en inmediaciones al río Teatinos. En este lugar fue descubierto por Martínez y su compañero de misión, el Negrito José. El negrito José sacó de acción al compañero de Barreiro. El oficial sorprendido por la actitud de los niños les ofrece una bolsa con monedas de oro para que lo dejaran huir, pero Pedro Pascasio lo rechazó diciendo “ni todo el dinero del mundo podrá comprar la libertad de una nación” y lo llevan prisionero a la casa de Teja donde se encontraba el General Simón Bolívar, quien lo ascendió al grado de sargento y le otorgó la suma de cien pesos, mala suerte de Barreiro en tierras americanas.

Tras culminar la guerra de Independencia, fue retirado del ejército y permaneció en Belén a espera de su pensión, que nunca recibió; caso parecido al coronel de Gabriel García Márquez, otro militar que luchó en la guerra macondiana pero que tampoco le llegó la ansiada pensión.

Apartado de cualquier relación con el Estado, en su pueblo Pascasio desempeñó los oficios de leñador y carguero hasta su muerte el 24 de marzo de 1885. En 1880, el Congreso de Colombia por medio de la ley 93 reconoció su hazaña 50 años después y le asignó una pensión de $25 pesos, la cual recibió en una sola oportunidad a sus 78 años de edad, ya su senectud no le permitía venir de Boyacá a Santa Fe de Bogotá, a lomo de mula o de caballo a reclamar un peso mensual. Demasiado trabajo para la época, no existían ni los giros, ni los cajeros automáticos.

El sargento Pedro Pascasio es licenciado de las tropas y se regresa a su tierra natal en donde en junio 15 de 1831, contrae matrimonio con Margarita Silva. Muere en marzo 24 de 1885, dejando 8 hijos, una recompensa y una pensión nunca paga.

Sin embargo, algún historiador de la época sostiene que Pedro Pascasio nunca conoció la libertad. La tiranía pasó de los españoles a los criollos.

A finales de 1800 un senador colombiano reconoció que nunca le pagaron a Pedro su pensión y aunque ya hacía tiempo había muerto, el dinero que le adeudaban se lo traspasaron a su hija Bernabela, la segunda de los 8 hijos que tuvo.

Cuando ya estaba anciano Pedro Pascasio dijo: “Yo quería un país en paz, limpio, un país amoroso y libre. No sé si yo moriré con mi sueño o el sueño morirá conmigo”.

Doscientos años después de la campaña libertadora, exaltarán la labor del soldado Pedro Pascasio Martínez por su ejemplo de honradez, ética y lealtad, en su tierra natal: Belén (Boyacá).

El comandante de la Primera Brigada, coronel Omar Zapata sostuvo que “la historia de Pedro Pascasio, funda uno de los pilares del Ejército Nacional de Colombia, en donde la patria y las conductas incorruptibles, tiene que llevar las actuaciones de nuestros soldados”.

Tenemos a boyacenses que aún viven en Belén, y que son descendientes del prócer; a ellos les queremos rendir homenaje todos los colombianos, en agradecimiento por la conducta que de su ancestro.; hay un monumento nacional cercano al Puente de Boyacá y a la Piedra de Barreiro, con las efigies de Tomás y el Negro José.

En esa perspectiva, teniendo en cuenta la importancia del personaje y queriendo aportar a los lectores de mi columna, para que se motiven a ampliar su conocimiento con la lectura de reseñas y documentales que se han escrito sobre él y además como una meta prioritaria es la difundir su legado histórico, para que se le tome como guía, pero sobre todo que su nombre se ice en el tiempo y el espacio, para que su gesta libertadora no quede en los anaqueles del olvido.