Recordar es vivir

“Dedicado a mi promoción 80 Liceo Montería”

Se cumplieron 40 años de mi graduación como bachiller en el prestigioso Liceo Montería. Era el 29 de noviembre de 1980, tenía 18 añitos. Los recuerdos vienen a mi mente y me invade la nostalgia por los sentimientos encontrados que provocan en mí uno de los acotamientos más importantes de mi vida.

Abro el baúl de los recuerdos y desempolvo las fotos de ese día y me emociono al ver a mi lado, felices y orgullosos a mis padres, por la satisfacción de ver a su hijo mayor convertido en todo un bachiller.

Recuerdo a mis condiscípulos como los mejores amigos de toda mi vida, a mis profesores que me formaron guiados por la luz del lema del Colegio  “Moral, Disciplina, Eficiencia, Trabajo”, valores que he aplicado a mi vida personal y profesional siguiendo el legado de principios que nos dejará su fundador, maestro y humanista, el Licenciado Gabriel Rey Cárdenas (q.e.p.d).

De aquel día recuerdo especialmente el recorrido que hice después de la graduación, primero fui a la casa de mi amigo Elvis y encontré a su madre llorando porque se lo habían llevado para el Ejército, obviamente no hubo fiesta; después visité a las hermanas García para acompañarlas un rato en su reunión (no las he visto más) y terminé en la fiesta de mi amigo Edwin donde me pegué mi primera borrachera, abusando del permiso que me habían dado mis viejos porque ya el nuevo bachiller era un hombre.

Recuerdo con gratitud perenne a todos mis profesores, cada uno puso su granito de arena en mi formación humanista y en las ciencias del saber, pero por cuestiones de afinidad y del  perfil de la carrera que escogí le debo a la seño Melo, mi fluidez para escribir y tratar bien el idioma con la palabra (eso creo); recuerdo también al profesor Abelardo por lo “cuchilla” y genio de las matemáticas (mi dolor de cabeza), al profesor Almanza por ser la “Biblia” de la Baldor, al profe Aparicio por su amabilidad y trato paternal con sus estudiantes, al Vice Bravo (buena papa) por su tolerancia y ser el apagafuegos de todos los problemas ante el enérgico rector, y cómo no, al gran profesor Pelayo (q.e.p.d.) que con su estilo para declamar motivo mi gusto por la poesía. Todos bajo la orientación y el liderazgo del sempiterno rector, el profesor Rey.

Recuerdo a Quevedo el rígido y adusto portero  que te dejaba afuera si llegabas tarde; los recreos y la compra de gaseosa, papa rellena o patacones en el kiosko de Minerva, el mango biche comido a hurtadillas en la clase, la tiradera con cauchitos, las salidas al playón a jugar futbolito, las peleas en la arrocera Montería a la salida de clases y el terror y la adrenalina que sentíamos al escuchar “saquen una hoja”, recuerdos que al rememorarlos me sacan una sonrisa pícara.

Fue la mejor época de mi vida, no existía la tecnología de los celulares ni las redes sociales y aún así éramos felices. Fue la época de la siembra de los amigos para recoger la cosecha y los frutos de la amistad. Algunos profesores y compañeros ya no están pero siguen vivos en nuestros corazones.

Después cada uno eligió su destino y cogió su rumbo, formó su familia y hoy somos padres, abuelos y destacados profesionales en distintos campos de la vida, otros se han dedicado a sus negocios familiares, o son independientes, pero todos llevamos la marca indeleble de ser Liceístas a mucho honor.

El inexorable paso del tiempo ha fortalecido la amistad de aquella generación gracias al grupo de WhatsApp por el que nos saludamos diariamente, los lazos afectivos siguen incólume, parece increíble que ya sean 40 años, tiempo en el que hemos conocido a mucha gente pero no tengo duda de que aquella cosecha de amigos sembrados durante el bachillerato son los verdaderos amigos y sigue floreciendo y dando como frutos los afectos que se han transmitido entre los hijos de nuestros amigos y nuestros hijos y familias.

Con motivo del aniversario 40 estaremos reuniéndonos, si Dios lo permite, el próximo 9 de enero en la hermosa ciudad de Montería para compartir, recordar y   afianzar nuestra amistad con un fuerte abrazo (tal vez no físico) pero si dado con el alma y el corazón, que reafirme la unidad, el cariño y el respeto que nos seguimos profesando como amigos. Si tuviera que volver a escoger a mis amigos los elegiría a ustedes. Viva la gran familia Liceísta Promo 80.