Recuerdos del teatro Sandra y una infancia feliz

Aquellos años del Maicao de mis amores, cuando éramos felices y no lo sabíamos. Esa misma época cuando todos nos conocíamos, había una referencia personal que generaba no sólo una relación, sino una consideración familiar. Los mayores preguntaban cuando no identificaban al joven: ¿De quién eres hijo?

Tenía como ocho años, cuando me llevaron por primera vez al teatro Sandra, ubicado en la calle 13 entre carreras 10 y 11. En realidad era una sala de cine, conocida en Maicao como Teatro; fuimos varios, además de mis hermanos Eliécer, Guillermo y Wilfrido, los amigos de la cuadra, Enoc, Jacob, William, Omar, Jairito, entre otros; que eran también mis hermanos de sueños. Todos vivíamos en la calle 9 entre carreras 9 y 11. Ellos, ya habían asistido antes, pero esa era mi primera vez en el Sandra. Esa sala de cine era del señor Rafael Abuchaibe, una de las familias más emprendedoras de las que tengo referencia en Maicao. La instalación de esa sala de cine era descubierta, además de las pe lículas, se podían ver la majestuosidad de la luna y las estrellas. Noches maravillosas, en la tierra del Abuelo de las Barbas de Maíz. Las preferidas por el público eran las películas mejicanas; quizás eso generó en la generación anterior y en la mía, el amor a las rancheras. Recuerdo que antes del inicio de cada película, ponían una marcha que indicaba que estaba próximo a iniciar y quienes aún no habían llegado se apresuraban.

De regreso a nuestras casas lo hacíamos caminando, comentando la película, escuchando el ladrido de los perros, el correr de los caballos, el paso lento del ganado y con la seguridad absoluta que nada nos ocurriría. Oh tiempos aquellos.

Antes del teatro Sandra, ya existía en Maicao otra sala de cine llamada Evelis, que fue la primera que existió desde la década del cincuenta; esa era de propiedad del señor Man día Barros. El señor Barros, de origen de Camarones, era visionario, según me cuentan. Ahí, en el teatro Evelis, en un tiempo, me refieren, mi abuelo Lucas, trabajó por unos meses. El abuelo había llegado de Fonseca con mi abuela Andrea a mediados del año 1947. Vivieron en diferentes zonas del Maicao de esa época, hasta que un día le compraron un terreno a la señora Aminta González, mamá del famoso Kataure. En ese terreno finalmente hicieron su casa mis abuelos, en la calle 9 entre carreras 9 y 10. Luego, el abuelo colocó un negocio de destilar alcohol (Chirinche), conocidos como ‘Alambique’. La abuela Andrea, era una persona muy emprendedora, vendía tabacos, que ella misma fabricaba y tenía también una especie de restaurante, sólo para los chóferes de la empresa de transporte ‘Cosita linda’, que venían de Valledupar y otra empresa que venía de Fonseca, uno de los buses le decían el ‘Fonsequero’, lo conducía Rodrigo Solano.

Teníamos tantas limitaciones, no teníamos servicios públicos, no había alcantarillado, acueducto, la energía eléctrica era muy limitada. Por eso, entre otras razones, llegar al cine, era de alguna manera viajar, transportarse a lugares maravillosos; nos hacía soñar con tener algún día todas esas cosas y llegar a esos lugares. Teníamos una gran influencia del hermano país de Venezuela, las emisoras que se sintonizaban era las de Maracaibo, con noticieros y radionovelas, la más famosa era la de Martín Valiente. Lo mismo sucedía con las Islas de Aruba y Curazao, de allá venían muchas cosas y recuerdo que los comerciantes no sólo utilizaban la moneda del Bolívar, también el Florín. Después, en la década del setenta al ochenta el municipio vivió un esplendor económico y ahí comenzó a cambiar nuestro destino.

Hoy, se hace necesario, en procura de mantener la profunda vocación comercial, seguir construyendo las bases, para que el municipio transite a la actividad del turismo, ese debe ser nuestro destino.