Reflexión de este año litúrgico

El pasado domingo 30 de noviembre de 2019, se inició el año litúrgico de la Iglesia Católica. La liturgia es la adoración a Dios nuestro creador y el reconocimiento a Jesús como nuestro Señor y nuestro salvador. El año litúrgico consta de varios tiempos: el tiempo de adviento que dura cuatro semanas, el tiempo de navidad, que es el reconocimiento del nacimiento de Jesús no solo como hijo de Dios, sino el nacimiento espiritual de Cristo en nuestros corazones; el tiempo de epifanía, que es el tiempo más corto y representa a los reyes magos; luego viene el tiempo largo que consta de 34 semanas y ahí se encuentran los tiempos de cuaresma, que es la pasión, muerte y resurrección de Jesús y el tiempo de pascua.

En el tiempo de adviento, revisamos nuestros actos de vida, es tiempo de reflexión. También llegó precisa la palabra del evangelio según San Mateo, anunciando el regreso del Hijo del Hombre, 24:37-44: “Como sucedió en tiempos de Noé, así sucederá también cuando regrese el Hijo del Hombre. En aquellos tiempos antes del diluvio y hasta el día en que Noé entró en la barca, la gente comía y bebía y se casaba. Pero cuando menos lo esperaban, vino el diluvio y se los llevó a todos. Así sucederá también cuando regrese el Hijo del Hombre. En aquel momento estarán dos hombres en campo: uno será llamado y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo: uno será llevada y la otra será dejada. Manténganse ustedes despiertos porque no saben a qué hora va a venir su Señor. Pero sepan esto, que si el dueño de una casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, se mantendría despierto y no dejaría que nadie se metiera en su casa a robar. Por eso, ustedes también estén preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá cuando menos lo esperen”.

En estos días en los que hace poco finalizamos el tiempo litúrgico de la Semana Santa, celebrada de forma atípica por la contingencia que ha generado esta pandemia, conmemoramos la pasión de Cristo, la última cena, el viacrucis, la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. El hombre se creía dios y por eso lo había reemplazado como rey sobre la tierra. Hoy con este virus demuestra que el único Dios es su hijo hecho hombre, y nos da una lección para que cambie nuestro corazón que sea más humano y menos egocéntrico.
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