Reflexiones sobre el pacto histórico

El pasado 11 de febrero una coalición integrada por los partidos: Colombia Humana, Polo Democrático, Unión Patriótica- Partido Comunista, Mais, Partido del Trabajo de Colombia, Todos Somos Colombia y la Unidad Democrática le presentaron al país una propuesta renovadora, transformadora que presupone construir un gran pacto democrático por la transformación económica, social, política, ambiental y cultural del país. Obviamente el espectro político no se agota con las organizaciones arriba mencionadas, a él se están acercando y se mantiene abierto a otras formaciones políticas, personalidades de partidos tradicionales, organizaciones sindicales, gremiales, educativas, étnicas y ambientalistas.

Hay que señalar que en el pasado habían surgido iniciativas similares: La Revolución en Marcha de López Pumarejo (1936), el movimiento gaitanista, el Movimiento Revolucionario Liberal de Alfonso López Michelsen (1963), la Alianza Nacional Popular de Rojas Pinilla, Anapo, (1964), La UNO en 1974, la UP en (1985), Alianza-Democrática- M-19 (1990,) Polo Democrático Alternativo (2005) y hasta la mismísima Alianza Verde en 2010.

El Pacto Histórico como nueva propuesta programática, política y organizativa de largo plazo que se le propone al país, acopia elementos de las experiencias anotadas. Plantea un gobierno de reconstrucción nacional cuyos postulados tienen como eje un nuevo modelo económico que trascienda, el actual modelo nacional extractivista, facilista y depredador, no solo de la naturaleza, el medio ambiente, sino del desarrollo económico armónico y estructurado. En ese Pacto se propone un modelo alternativo y absolutamente antagónico que recupere la senda que 40 años atrás transitaba el país, y en el que la agricultura y la industrialización marcaban una tendencia. Esa senda ha sido revertida por los últimos gobiernos neoliberales, los cuales le apostaron a la minería, actividad que, además de degradante, poco intensiva en la generación de empleo, desestructuró a la economía y les mermó competitividad a los demás sectores. Dio lugar a la aparición de gobiernos municipales voraces, enfrascados en la rapiña por la apropiación particular de los recursos provenientes de las regalías. Y que como complemento, las que no eran apropiadas en esa rapiña, fueron pesimamente invertidas. La Guajira está preñada de ejemplos desesperanzadores. Transitamos los estertores de la minería del carbón y sus consecuencias defraudadoras están a la vista de todos.

La transición a la que nos encontramos abocados no es interpretada ni comprendida cabalmente por los gobiernos neoliberales que han dominado la escena nacional. La transición de energías fósiles, “sucias”, hacia las energías renovables, “limpias”, es un fenómeno universal. El uso mundial desbordado de las principales fuentes energéticas contaminantes: petróleo, carbón y gas, tiene al planeta a punto de colapsar. Ese desastre ambiental amenazador que se traduce en fenómenos naturales impredecibles e incontrolables: gases de efecto invernadero, acidificación de los océanos, contaminación atmosférica, en suma, el cambio climático; inclusive algunos científicos se atreven a afirmar que la aparición de virus como el Covid-19, están relacionados y son consecuencia del cambio climático y la degradación, como resultado fundamentalmente del uso desmesurado de los combustibles fósiles. Todo ello propiciado por un modelo económico neoliberal. La inmensa mayoría de países del mundo con contadas excepciones han virado hacia ese nuevo escenario, el de las energías renovables no convencionales, el mundo de las energías limpias. Nuevamente La Guajira es un actor clave, como lo fue hace cuatro décadas años con la bonanza del carbón, si no nos preparamos sufriremos una nueva frustración. Somos artífices de nuestro destino.

En ese contexto y teniendo como ejes aspectos fundamentales de la transición, surge la propuesta del Pacto Histórico, justamente para articular al país dentro de ese escenario de cambio, de transición. La propuesta del Pacto Histórico coincide con una Pandemia sanitaria que ha contribuido a hacer más gravosa y lamentable la crisis económica y social exacerbada durante el gobierno Duque, lo que motivó a los movimientos alternativos y las distintas fuerzas sociales a acudir a finales de 2019, a la calle para expresar su inconformidad con el estado de cosas. La Pandemia refrenó esas protestas de ahí que El Pacto Histórico convoca a construir unas mayorías populares de 55 senadores y 86 representantes a la Cámara como mínimo; que legislen en favor de los intereses de las masas desvalidas, que tengan voz y presencia por primera vez en el Congreso de la República. Ese es la meta intermedia, la segunda y definitiva meta, es ganar la presidencia de la República para disponer de mayorías legislativas y el poder ejecutivo, y construir sin obstáculos ese nuevo país que hace rato viene añorando la inmensa mayoría de la sociedad nacional. En esa primera etapa se requiere obtener 5 millones de votos por las listas al Congreso. Posteriormente se realizará una consulta interpartidista para escoger el candidato presidencial, que probablemente sería Gustavo Petro.