Reforma tributaria: la gota que rebosó la copa

Colombia país particular. Infinitud de acontecimientos exclusivos nos confieren singularidad. Periódicamente suceden acontecimientos asombrosos. Nos referiremos al más reciente y al contexto circundante. Aludimos a la Reforma Tributaria en curso en el contexto de una Pandemia. En ese tema el presidente ha trasgredido reiteradamente principios fundamentales de la Constitución en materia de progresividad, equidad, justicia tributaria y social. De aprobarse sería la tercera vez que incurriría en esa trasgresión, adornándola con eufemismos típicos de su gobierno usados para disfrazar tropelías y desconocer derechos y garantías consagrados constitucionalmente.

Lo más aberrante es que el instigador de semejante atropello es el tristemente célebre ministro Carrasquilla, el de los Bonos de Agua, de los Panamá Papers, que se moviliza en avión privado; el mismo que ocupó esa cartera ministerial durante el gobierno Uribe. Postulado nuevamente por el Gran Colombiano para el cargo que determina el manejo del dinero de la nación. Se las dejo ahí.

El proceso ha estado rodeado del acostumbrado “tirar la piedra y esconder la mano”, inicialmente presentan unas propuestas draconianas, posteriormente y en una especie de acto de contrición comienzan a retirar algunas. El sainete incluye el protagonismo del dueño del balón, el que dirige la orquesta, no se mueve nada sin su consentimiento; sinuosamente cuando le conviene intenta desmarcarse de Duque, exhibiendo libreteadas, demagógicas y populistas sugerencias orientadas a satisfacer la galería y mostrar un talante filantrópico que ni por ahí le queda. Sin embargo, sirven para ambientar la próxima estrategia de mercadeo electoral con sectores vulnerables de la población. En esta ocasión emplean el denominado Ingreso Solidario como ardid electoral de compra masiva de votos con recursos estatales. La Reforma debe aportar 7.5 billones a ese objetivo.

Otro suceso singular es la visita de los “príncipes herederos” al Palacio de Nariño para gestionar la estabilidad de las finanzas públicas e “interceder” por sectores vulnerables. Paradoja de paradojas. Seguramente con su visita dejaron algunas “enseñanzas” tributarias, basados justamente en las experticias adquiridas por estos “emprendedores” jóvenes en los casos de la chatarrización y del lote de Mosquera.

En ambos sucesos desplegaron singulares habilidades tributarias. Probablemente también expusieron argumentos demostrativos de la pericia para multiplicar exponencialmente su fortuna a la sombra de los dos gobiernos del padre. Nunca brillaron académicamente, pero resultaron unos tigres para los negocios.

La sumatoria de esa contribución, la de Carrasquilla, la de su padre, la de los grandes empresarios y de los congresistas del Centro Democrático origina una Reforma Tributaria regresiva, maquiavélica, conculcadora cuyo recaudo se basa en la ampliación y extensión del IVA, el Impuesto de Renta a personas naturales, en particular a estratos medios y bajos. Que mantiene intactas deducciones y exenciones al gran capital, que no se atreve a gravar bebidas azucaradas, que ampara el actual y obsoleto Catastro; que es inofensiva con los dividendos y por el contrario castiga las rentas de trabajo; que no se esfuerza por controlar e impedir la salida de grandes capitales hacia paraísos fiscales.

En un país institucional y democráticamente equilibrado, medianamente informado, un presidente como Duque no debería superar el 5% o 10% de favorabilidad. Ese 33 % reflejado en la encuesta más reciente es un premio excesivo para un gobernante reincidente en despropósitos.