Reprochable incidente con la representante a la Cámara, ‘Tina’ Soto

La unión hace la fuerza y la solidaridad fortalece la espiritualidad en las participaciones incluyentes.

Fue de mal gusto en reunión de autoridades indígenas, rechazar la presencia de la representante a la Cámara, María Cristina Soto de Gómez, quien acompañaba al director del Invías, Juan Esteban Gil. También participaba en la reunión el gobernador Wilbert Hernández Sierra, con el secretario de Gobierno, algunos alcaldes y demás miembros de la organización del paro. Las diferencias políticas y los proselitismos oportunistas, resultan desafortunados cuando se lucha y defiende una causa común. Muy pocos apadrinan y apoyan circunstancias problemáticas, pero no falta en ocasiones quienes se apropien de problemas específicos, persiguiendo réditos y créditos, comportándose de maneara egoísta para fluctuarse y elevarse como globos inflados con helio.

El problema de la vía al sur de La Guajira es una situación que a todos nos atañe, en consecuencia no es bien recibido que al inicio de la reunión con los indígenas en la jurisdicción del municipio de Barrancas, presididas por las autoridades tradicionales, le solicitaron a la representante ‘Tina’ Soto que se retirara de lugar, en alusión a incidencias políticas a lo que la representante ripostó devolviendo palabras. Otra dama wayuú intercedió contra la representante y de ahí se prendió la discusión de decires, desdibujando los objetivos que se buscan para la solución del para cívico.

El crítico momento no está para excluir ni discriminar a ninguno, al menos que se manifiesten en forma, contraria, disociadora o saboteadora que trate de desviar los direccionamientos previstos.

Todas aquellas personas que voluntariamente deciden participar y colaborar con la causa deben ser bienvenidas, sin reparos ni condiciones especiales, ni engorrosas. ‘Tina’ Soto y Alfredo Deluque son los representantes de La Guajira en el Congreso de la República. Tienen el deber de cumplir en el ejercicio de sus funciones con las acciones y obras que tengan lugar en el gobierno nacional. Si la reunión en el resguardo se hubiese tratado de asuntos exclusivos de las autoridades indígenas, le podría asistir razones o si se tratara de asuntos políticos particularizado, no en lo relacionado con el asunto de la vía destruida que afecta y compromete los municipios desde Albania hasta la Jagua del Pilar, resultando ilógico la negativa de derecho participativo de sus habitantes. Pero lo que se estátratando es un asunto que nos interesa y debemos sacarlo adelante con apoyo masivos, en el que nadie debe arrogarse por ejercer liderazgo único ni mucho menos rechazar por motivos políticos a quienes participan para contribuir oportunamente. Todos necesitamos transitar una vía nivelada y segura. Si comenzamos internamente a chocar con discusiones estériles y ofensivas, en presencia de autoridades nacionales que están obligadas a resolvernos los problemas ¿qué vamos a lograr? Más burlas y desatenciones.

En mi artículo anterior me refería a una concesión y resulta que la vía que une al departamento de Cesar, con La Guajira, es el único tramo vial en Colombia que no está siendo administrado por concesionario y el peaje lo recauda directamente la nación a través del Ministerio de Transporte-Invías, sin hacerle mantenimiento desde hace más de 15 años. Los recursos recaudaos, al parecer, constituyen la caja menor del citado ministerio, olvidando que la vía de la cual recibe peaje requiere de mantenimiento rutinarios para garantizar la seguridad y evitar accidentalidad de los usuarios que reclaman reparaciones.

El daño a La Guajira no lo ha causado ninguna concesión como erradamente lo atribuía rectificándolo, sino la nación cuyos servidores se han apropiado ilícitamente de los recursos económicos recaudados, sin invertir en el mejoramiento de la vía, negando retribuciones obligatorias para los usuarios.

Hago un llamado a la cordura, mesura y tolerancia para no incidir en hechos bochornosos, censurables y reprochables que no sirven de nada. Todos necesitamos de todos, aún cuando algunos se cierren encaprichos y tozudez, creyéndose que todo lo pueden. Unificados vamos mejor que fraccionándonos, despedazándonos y desarticulándonos para que nos aprovechen jodernos. Conjuremos las diferencias y unifiquemos las voluntades humanas participativas en aras de lograr resultados positivos y efectivos para el bienestar general colectivo.