Respeto a la misión médica

“Tributaré a mi maestro de medicina el mismo respeto que a los autores de mis días, partiré con ellos mi fortuna y los socorreré si lo necesitaren; trataré a sus hijos como mis hermanos y si quieren aprender la ciencia, se la enseñaré desinteresadamente y sin ningún género de recompensa”.

El anterior párrafo,muy bello, por cierto, hace parte del juramento hipocrático que prestan los aspirantes a convertirse en médicos al final de la etapa instructiva y que se convierte en punto de referencia obligado durante el tiempo que ejercen su profesión, que, para la casi totalidad de los profesionales de la salud, es toda su vida. La que dedican  sin importar las dificultades a las que se tienen que someter para ejercerla.

Desde tiempos inmemoriales, el ejercicio de la profesión médica, ha sido considerada de la más alta nobleza, de permanente sacrificio, servicio y entrega, trabajo por el cual, la sociedad entera, ha reconocido que la función que cumplen es de relevante importancia para la humanidad, habida cuenta de lo que representa para el ser humano.Eso sin mencionar, el gran carisma que generalmente poseen.

Toda familia añora tener un profesional de la salud en sus haberes, por el prestigio que personifica,por el servicio que presta o simplemente por chicanear. Son de los profesionales a quienes se consulta en cualquier lugar; en la calle, en el bar, en la cancha de futbol, en una fiesta de matrimonio o por teléfono, es decir, donde se le tropiece y este hombre o mujer, sin ocultar su entusiasmo, escucha con atención la diatriba de quejas por el malestar ocasionado en la salud del parlante de turno y termina por recomendarle unas pastillas o inyecciones, que seguramente le mejoraran su condición.

Hoy el mundo entero se enfrenta a la más grande pandemia de los últimos cien años y han sido esos profesionales de la salud, médicos, enfermeras, bacteriólogos, auxiliares, en fin, toda la misión médica, quienes, con enjundia y coraje, cual guerreros de mil batallas, han enfrentado el virus, dejando de lado sus propios temores e intereses por salvar a la humanidad, incluso ofrendando su propia vida, en bien del prójimo.

La supervivencia de la raza humana, ha dependido en gran medida del trabajo esforzado, que ayer, ese ejército de hombres y mujeres armados de valor en el corazón, una bata blanca como armadura y un estetoscopio como arma, se batieron con valentía para derrotar a la enfermedad. Tanto hoy como mañana los vamos a necesitar.

Nos corresponde, a la sociedad completa, defender a la misión medica de esos desadaptados, inconscientes y desagradecidos, quienes han ejercido actos de discriminación en contra de ellos, llegando incluso a amenazar con causarle daños en su integridad física, solo por el hecho de ser un profesional de la salud. Una sociedad sana es aquella que valora a las personas por su aporte a la humanidad independientemente de las circunstancias que estemos viviendo.