Responsable de lo que ha sucedido

La historia es cosa fregada. Siempre se devuelve en el tiempo y casi en el mismo espacio. Lo ocurrido ayer, puede volver a suceder en el hoy presente.

Después de vivir nuestro departamento una época de vacas gordas, gracias a los recursos de regalías que por más de 38 años recibió de manera extraordinaria y que hoy la opinión pública en general ha salido a cuestionar la forma en que se invirtieron tales recursos lo que ha generado opiniones de todo orden tanto a nivel nacional, regional y departamental. Como siempre más de uno de acuerdo a sus intereses pesca en río revuelto. De que los recursos se mal invirtieron o se mal planificaron en su ejecución, o se atomizaron de manera desordenada, existen verdades y existen mentiras, que la corrupción se llevó parte de estos recursos también es una verdad que no necesita discusión. Pero la verdad más asombrosa es que La Guajira volvió a ser la cenicienta del pasado y más grave aún un ente de limosna que nos caracterizó en ese pasado donde esta región de la patria, era considerada como una zona olvidada e inexistente para los colombianos.

Por ello, al hacer un balance comparativo entre lo presupuestado, lo ejecutado, lo invertido de ese balance tanto financiero como social, podemos llegar a la conclusión de que el Gobierno en parte es responsable de lo que ha sucedido. En primera instancia la deuda social que Colombia tiene con esta sección del país es enorme y podríamos decir que pasa de los 42 billones de pesos. En las épocas de las bonanzas ilícitas que recibió La Guajira, el país “cachaco” se hacia el de la vista gorda para no tomar represalias con los guajiros. Es más, en plena bonanza marimbera, el presidente de la época, Alfonso López Michelsen, dio la orden de abrir una ventanilla en el Banco de la República de Riohacha, para que los guajiros pudieran legalizar los dólares obtenidos por la economía subterránea que se movía con el negocio de la marihuana con los gringos. ¿Por qué lo hacía? Por la incapacidad del mismo Gobierno nacional para atender las enormes necesidades básicas insatisfechas que padecía y continúa padeciendo nuestro departamento. De esta manera se desviaba el descontento y el abandono en que siempre Colombia ha mantenido con la península guajira, es decir la apertura de esta ventanilla fue un contentillo para con todos nosotros, un elemento de distracción.

Pero el rezago presupuestal y social que la nación tiene con La Guajira es enorme y de ahí que cuando comenzamos a recibir los recursos de regalías, eran tantas las necesidades que nuestros gobernantes comenzaron a invertirlas en lo que ellos creían que era las necesidades más apremiantes. Pero faltó la dirección, acompañamiento y planificación del mismo Gobierno para orientar a nuestros dirigentes de los enormes recursos que comenzaba a recibir el departamento por concepto de regalías de gas y carbón. Si éramos una región abandonada, sin ninguna ayuda oficial, con excepción del gobierno del General Rojas Pinilla, quien fue el único que hizo presencia en La Guajira, especialmente en la zona indígena, como íbamos a realizar una buena planificación de los recursos que entraron de manera copiosa y abundante.

Lo único que se vislumbra a futuro son nubarrones negros en prosperidad, desarrollo y mala calidad de vida. Bueno, pero todo no está perdido, hay esperanza que se vislumbra en el horizonte, con un nuevo cambio o paradigma para el 2020. Creo firmemente en Nemesio Roys Garzón, como el recambio que necesita La Guajira.