Riohacha es Macondo… una misa peculiar

“Termino el padre la misa y ya casados están, preparado estaba todo y especial la luna en esa noche de amores, contestaron las preguntas de aquel ritual, dijo el padre quien se opone, y yo que estaba sentado en la banca de atrás, tuve a punto de pararme y decir la verdad”.

El aparte preliminarmente transcrito corresponde a la canción ‘Esta es mi historia’ de Roberto Calderón que los Hermanos Zuleta incluyeron en el LP ‘039’ que dieron a conocer el 24 de agosto de 1984, y la he recordado por lo que presenciamos y queremos contar.

El sábado 18 de enero reciente pasado en la puerta de una iglesia en Riohacha me formulé un interrogante, ¿o el mundo está loco, o soy yo quien me estoy enloqueciendo? Para mi fortuna en el mismo lugar escuché a alguien cuando dijo, “Riohacha es Macondo”, así supe que no se trataba de un problema de locura sino de la primacía de la realidad de las cosas curiosas que uno se tropieza en el Caribe colombiano.

Sucedió que en la precitada fecha y recién salidos de las cabañuelas y más puntual que novio feo llegué a las seis de la tarde, a esa iglesia en la capital peninsular, con el fin de acompañar a doña Demis Pacheco, la esposa de Ismael Fernández, a la santa eucaristía a la memoria de su hermana, por cumplirse nueve días de su lamentada partida; allí como es usual nos encontramos debidamente enguayaberados Hugo Leones, Betty Josefa Martínez, William De La Rosa y otros amigos comunes, y mientras el tiempo transcurría, comenzaron a suceder cosas que ninguno de los presentes lográbamos entender, hasta que caímos en cuenta que en cualquier plaza, esquina, calle o sardinel, se encuentra uno alguna vaina macondiana.

A la cita en la casa de Dios acudimos enterados que ordenaron el oficio religioso a esa hora por tratarse de un caso especial, lo que no sabía la familia Fernández Pacheco era que en el mismo viaje, y previo pago de los fletes, el cura le iba a guindar otros protagonistas y servicios incluidos en su amplísimo portafolio.

Al ingresar al templo lo vi inusualmente decorado, en la puerta observé la presencia imperturbable de un caballero con carita de avispa carnicera que parecía motilado con corta uñas, quien tenía en sus manos dos bojotes de cohetes que pensé que serían para salvas a la virgen, cuando metí el ojo al fondo vi que el cura le hacía las perentorias advertencias a una joven pareja que de rodillas e impotente decía que sí a todo lo que el prelado les advertía en su perorata, así supimos que en el templo habían revuelto el acto nupcial donde recibirían las argollas y la fumigación del agua bendita la pareja que se disponía a romper el celibato con el doloroso sacrificio para el eterno descanso de una interfecta fallecida..

Cuando le pregunté a Ismael que tenía que ver el caldo con las “Tajá” me hizo saber que no obstante que la misa se solicitó ser oficiada a esa hora para que fuera exclusiva por el acontecimiento que afligía la familia, se habían encontrado con la sorpresa que el Padre decidió matar varios pájaros con el mismo tiro, incluyendo en la ceremonia de oración por el eterno descanso de su cuñada, el ritual para declarar marido y mujer a una pareja de enamorados que sin saber en la que se estaban metiendo escogieron ese día y ese lugar sagrado para la firma de su contrato de convivencia, ayuntamiento, procreación y de ayuda mutua.

Pero esa no fue la única sorpresita que nos tenía ese pastor de la iglesia Católica, Apostólica y Romana, es que después del ritual nupcial y de haberse metido el rutinario petacazo de vino consagrado, hizo el alborozado anuncio que alguien de la feligresía que allí se encontraba estaba cumpliendo un año más de feliz existencia y de inmediato reventaron las cornetas cuya música parecía soplada por querubines desde el cielo con el consabido “Cumpleaños feliz, te deseamos a ti”, todo sucedía muy rápido y festivo mientras los familiares del cumplimentado aplaudían jacarandosamente en el tronco de la oreja de Demis y su gente afligida por el dolor lacerante por una muerte que enlutó a toda su familia, enseguida se armó la recocha, aplausos, arroz, música, gritos, codazos para llegar primero a felicitar a los novios y los cohetes comenzaron a volar y a estallar y el palo de uno de ellos cuando venía de regreso tuvo a punto de quemar la calva de Aldo Anicharico, quien junto a su señora no salían de su perplejidad; esas vainas no se ven en el interior del país, esas curiosidades solo se ven y se viven aquí donde la gente se le esconde en la mañana al cachaco porque no hay con que pagar, pero en la noche carnavalea, bebe, baila y canta, plata con la chequera escondida que los ostentosos siempre tienen en la boca, uno cuenta eso fuera de aquí y la madre que nadie se lo cree, así como me pasó cuando le conté a un amigo en Bogotá que en Cuestecita vi un aviso que dice ‘Venta de gasolina El Culión’ y otro que decía, ‘Venta de comida La hija del Culión’, tampoco me creyó cuando le dije que cerca del barrio Coquivacoa en Riohacha vi un aviso que dice ‘Venta de sopa, gasolina y almuerzo’.

Esa es la historia de la misa de difuntos más divertida y peculiar a la cual he asistido en mis años de circulación por las calles polvorientas de Monguí.