Riohacha y La Guajira, sinónimo de pobreza

A finales del año inmediatamente anterior el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), lanzó un comunicado haciendo públicas las cifras de las ciudades y departamentos más pobres del país, donde La Guajira y Riohacha siguen ocupando un bochornoso segundo lugar como la región con más pobreza y pobreza extrema de Colombia. Unas cifras que año tras año deberían ir a la baja, pero, por el contrario, cada vez siguen en aumento y no parece cambiar esta constante.

Para seguir, es necesario entrar un poco en contexto con lo anteriormente mencionado. En el departamento de La Guajira, la pobreza monetaria pasó del 57.2% en 2018 al 61.8% en el 2019. El panorama no cambia cuando se trata de la ciudad de Riohacha, cuyos números también están en aumento de un año a otro y donde las cifras son igual de alarmantes. Según las cifras del Dane, Riohacha pasó del 45.7% en 2018, al 49.3% en 2019, esto en cuestión de pobreza monetaria, pero, si hablamos de pobreza monetaria extrema, los números tampoco son nada alentadores y, de igual manera, también están en incremento cada año, pasando del 16.4% al 19.5%.

Así están las cosas en La Guajira. Un departamento que cada año se sumerge más y más en la pobreza sin que nadie haga nada para evitarlo o detenerlo. Siguen pasando uno a uno los diferentes políticos y dirigentes y a nuestro territorio no se le ve ningún progreso. Seguimos hundidos en el atraso y todo por las faltas de oportunidades y carencia de educación; situación que encierra todo lo relacionado a la pobreza extrema que nos tiene sepultados como sociedad y no deja que La Guajira avance.

Con educación de calidad se puede lograr reducir las cifras de pobreza. Realizar actividades de esparcimiento donde se pueda fomentar la enseñanza y formación de las personas, sería ideal para lograr el cometido. No basta con regalarle un pequeño mercado a una familia o una comunidad para acabar el hambre y la pobreza. No se trata de regalar pescado, sino de enseñar a pescar. Ejecutar planes de desarrollo con las comunidades como enseñar a madres cabeza de familias a coser y regalar máquinas del mismo, complementado a las ayudas de mercado u otras ayudas monetarias que el estado pueda proveer, sería más ejemplar en pro de favorecer y permitir que una familia salga adelante.

Tratar de reducir las cifras antes mencionadas e ir erradicando poco a poco la pobreza, debe ser una obligación de todos los entes gubernamentales del departamento. Pero, además, la problemática no solo les compete a las entidades departamentales, debe ser tarea del gobierno nacional, las diferentes Organizaciones No Gubernamentales (ONG), e inclusive de las grandes empresas privadas que ven en La Guajira sus operaciones financieras. Toda organización privada cuenta con un compromiso de Responsabilidad Social Empresarial y Corporativa, por medio de la cual deben explorar diferentes mecanismos y acciones para el desarrollo sostenible humano y, acabar con la pobreza extrema, es la mejor forma de contribuir a ese imaginario de mejor vida para las comunidades guajiras.

Pactar acuerdos en los que las partes logren contribuir a mejorar las condiciones de vida de miles de familias guajiras, e ir eliminando de una vez por todas las carentes condiciones en las que vive la mayoría de la población de nuestro departamento, solo se puede lograr por medio de la educación. Educar y sentar las bases desde niños es la mejor forma de acabar el hambre y la pobreza.