San Juan, a salvar la cuenca

“Nace en la nevada el río Cesar, pasa por San Juan, la tierra mía y en su cauce de aguas cristalinas, donde una sanjuanerita, todos los días se va a bañar…”. Esa es la letra de la canción ‘Sanjuanerita’, de la autoría del compositor y campesino parrandero, Hernando Marín Lacouture.

Para recordar, que hoy solo el recuerdo del ayer perdura de lo que fue esta importante cuenca hidrográfica que abastece el sistema de acueducto de la cabecera municipal de San Juan del Cesar. No sabemos por qué la institucionalidad y la ciudadanía venían dándole la espalda al río. Pero lo cierto es que el río está haciendo un llamado a sus dolientes para que se metan la mano al bolsillo y le inviertan en orden de prioridad, a lo que le da vida a su vida y a su economía, el agua. Porque este importante espejo de agua viene siendo azotado con la cruz de la indiferencia, quizás por falta de conciencia o liderazgo institucional del significado de invertir en el río o porque los recursos se invierten sin la debida pertinencia, en otros sectores del desarrollo.

Esta cuenca que había soportado las arremetidas de más de medio siglo de explotación ganadera y agrícola en la llamada “despensa agrícola de San Juan del Cesar” o “la gloria de una atávica vocación agropecuaria”, es la misma que abastece aún hoy el acueducto para 34.709 habitantes de la cabecera y 9.660 migrantes venezolanos.

Esta población se distribuye en 43 barrios urbanos y 8.101 viviendas. Ahora el pueblo está sometido a intensas horas diarias de racionamientos de agua porque el caudal baja tanto en el verano que a la planta de tratamiento municipal no le llega el recurso hídrico suficiente, o su nivel de contaminación sobrepasaba la capacidad de operación, y demanda hoy, su racionalización y optimización.

Las causas del daño fueron definitivas por la pérdida de bosques por tala intensiva, degradación de suelos, uso intensivo de agroquímicos y una combinación letal que terminó destruyendo la capacidad del río Cesar de hacer su propia regulación hídrica, hasta tal punto, que ni la fauna se observa en el río. Pero por fortuna, el alcalde de los sanjuaneros, el ingeniero Álvaro Díaz Guerra, se ha ingeniado una cruzada para salvar el río de la muerte, convocando a todos sus dolientes a beber mañana del fruto de su compromiso de hoy.

Ahora la iniciativa aspira a involucrar aquellos predios de la parte alta de la cuenca para identificarlos y priorizarlos por colindar con la fuente o por tener cultivos y pastizales en sus orillas. Comprometiéndolos voluntariamente a respetar la ronda hídrica del río y cercarlo para que allí crezcan de nuevo las plantas nativas y no talar los bosques existentes. Además, convocar a fundaciones como la Fundación Natura, una ONG colombiana dedicada desde hace 30 años a la conservación de la biodiversidad en el país y que lidera un proyecto de Pago por Servicios Ambientales, con el fin de recuperar y proteger la cuenca, proponiéndole el esquema de “Acuerdos Recíprocos por el Agua” (ARA).

La cuenca media le corresponde al departamento del Cesar. Los 16 municipios de este departamento que atraviesa el río, ayudarán a financiar la iniciativa destinando anualmente recursos de su presupuesto para garantizar la sostenibilidad del proyecto. Asimismo, el alcalde líder del proceso, deberá involucrar en su gestión, otros actores que se comprometan a ofrecer un reconocimiento económico a los productores campesinos para que incorporen mejores prácticas agrícolas en sus cultivos. La gestión podría contar con la financiación de organizaciones como Rare Conservation, el Fondo para la Acción Ambiental y la Niñez a través del Acuerdo de Conservación de Bosques Tropicales (Tfca) y el Fondo Patrimonio Natural, con el proyecto Incentivos a la Conservación.

El acuerdo con campesinos es fundamental, porque involucran a las dos partes, si ellos cuidan en la montaña el agua que consume el pueblo, la administración municipal debe comprometerse a apoyarlos para que cambien sus hábitos productivos y contaminen menos el río. A su vez, capacitarlos en buenas prácticas, como manejo de residuos, reciclaje y uso racional de agroquímicos.