San Juan sigue atemorizado por la delincuencia

Por Rafael Humberto Frías

San Juan del Cesar es una fiel pintura de los pueblos de Macondo que se vienen deteriorando en su tejido social. Todo por falta de principios y valores de una sociedad que ha caído en el facilismo, el folclor, la pereza intelectual, el bajo mundo y una aberrante colectividad antivalores y de consumo, donde se le rinde culto tanto a lo bueno como a lo malo.

Hoy el pueblo sanjuanero sigue atemorizado por la delincuencia y el hampa. Pero lo peor es la falta de valor civil de la ciudadanía para denunciar a los delincuentes que se pasean por sus calles como Juan por su casa. Una aberrante degradación de nuestra sociedad, donde se observa a una juventud perdida en el alcohol, la drogadicción y el robo, haciendo sus fechorías cotidianamente. El robo y el hurto calificado hacen parte del menú del día en nuestro municipio. Un municipio atemorizado por los dos flagelos que hoy acaban con nuestra población, la pandemia del coronavirus y la delincuencia que se viene gestando y consolidando en el territorio municipal y creciendo cada día. La sociedad reconoce los avances de las autoridades y la fuerza pública en cuanto a la autorregulación y control del orden público para contrarrestar este fenómeno, pero los amigos de lo ajeno vienen burlándose de la sociedad y la autoridad.

Son hechos muy recurrentes los que acontecen diariamente en el casco urbano de San Tropel eterno, donde no se oye expresión distinta a la de “se metieron a robarle a fulano o a zutano”. Un pueblo que ayer dormía con sus puertas abiertas ha perdido sus buenas costumbres, porque hoy hasta cerrándolas, te roban, te amarran, te humillan y te maltratan para quitarte el fruto de tu trabajo.

Es indignante y repudiable lo que ocurre, porque el lumpen asentado en barrios periféricos y confabulados con delincuentes de otros sectores, ha roto la tranquilidad y la convivencia de un municipio próspero y emprendedor, que tenía como carta de presentación el trabajo y la honradez de su gente. Se requiere acabar y desterrar esas hoyas podridas de la drogadicción y desarmar a la sociedad civil. Ya basta de tanto comentario en la opinión de los vecinos que afecta la imagen de San Juan del Cesar. Hay que pasar de las palabras a los hechos, hay que ponerle acción a las ideas, hay que visionar el futuro de la sociedad y apostarle a su intervención para que no nos toque padecerlo.

Esta ola de delincuencia afecta el desarrollo del municipio y aleja a los inversionistas del territorio. Como decía mi abuela, dos toros bravos no pueden convivir juntos ni entran junto al corral. Así mismo, la delincuencia contrasta con la sana convivencia y pone en riesgo inminente a la sociedad del futuro, porque las frutas podridas dañan a las otras.

Los sanjuaneros podemos permitir que los pájaros vuelen encima de nuestras cabezas, pero lo que no podemos permitir es que aniden en ella, porque la ensucian y la manchan, como viene ocurriendo. Pienso que hay que trabajar en varios frentes ciudadanos con la fuerza pública y hacer uso de la tecnología para combatir el delito y a los delincuentes.

Aquí hay muchas prácticas del bajo mundo arraigadas que se han convertido en caldo de cultivo para engrosar la fila de la delincuencia local y regional. Pero esto no es solo responsabilidad del estado en cabeza del alcalde y la fuerza pública.

Cada familia debe apostarle no solo al sustento de sus hijos, sino a sus cuidados tutelares, a la educación y a una vida rica en principios y valores. Los hijos son el reflejo que transmite el espejo donde la sociedad ve a sus padres. Además, los hijos no se crían como a los pájaros con agua y alpiste. Nuestros hijos tienen un valor público agregado bien importante que los llevará a alcanzar la felicidad y a que nuestras conciencias vivan tranquilas, y son aquellos valores que le inculquemos durante su crecimiento y formación. Si no lo hacemos sembraremos una sociedad antivalores que marcará nuestras vidas para siempre. Por eso pienso que, el Estado y la familia tienen la responsabilidad misional de hacer pedagogía también para enderezar esta sociedad sanjuanera que se nos viene saliendo de las manos, viviendo una vida sin sentidos ni sueños colectivos. Perdida en el consumismo, en el amor al dinero, la fama, la rumba y sin tener como sobrevivir con dignidad.