Santo o demonio o el doctor Jekyll y Mister Hyde

Por José Luis Arredondo Mejía

Esta columna la tenía designada para esbozar unos trazos sobre la competitividad en La Guajira, la tentación de plantear unos pincelazos sobre el tema que copa abrumadoramente la atención del país me indujo a postergar aquella cavilación. Imposible sustraerse al apasionante tema en torno a la evolución del proceso que adelanta la Corte Suprema y en el que el hoy senador Uribe se encuentra incurso. Asaz preocupante que la columna de Victoria Dávila en la Revista Semana y el descarado panegírico verbal del periodista Luis Antonio Vélez constituyan piezas del arsenal ideológico en defensa del senador encartado.

Así lo demuestran las redes sociales. Ello saca a relucir la pobreza conceptual de la que está haciendo gala el movimiento denominado Centro Democrático. La señora Dávila por mucho que se esfuerza no logra disimular su primigenio talante de periodista farandulera y a la fuerza intenta adquirir un status que no le encaja, y con semejantes columnas excesivamente sesgadas, lo que logra es justamente lo opuesto. Vélez no pasa de ser un plumífero, carga ladrillos, vergonzosamente servil.

Las otras piezas que completan la carga de artillería en favor del senador: el comunicado de su partido, y el inapropiado y desatinado discurso del Presidente Duque, quien en un inédito acto, olvidó su condición de mandatario de todos los colombianos y le mandó un sablazo a la independencia de los poderes. Decía que las piezas defensivas aludidas tienen en común: la exaltación desproporcionada del hoy senador, el adorno idílico y desmesurado de su personalidad y de su obra de gobierno y por supuesto no podía faltar el parangón qué, no viene al caso, entre los beneficios recibidos por las Farc como consecuencia del proceso de paz y el “calvario” por el que atraviesa hoy el exmandatario. Son situaciones incomparables.

Veladamente se está planteando una patente de corso, un pasaporte a la impunidad en beneficio de Uribe. De todas maneras, de los argumentos probatorios de los elementos directamente relacionados con el proceso y que apunten a demostrar la inocencia del imputado, poco. Otra aspecto que sale a relucir en el sonado episodio es el análisis esquemático, taquillero y maniqueo de las huestes, destacan los recurrentes argumentos doctrinarios: persecución de la Corte, estrategia de la izquierda y demás sandeces usuales en los panfletos de la secta, cuál de ellas más peregrina y endeble, sin fundamento, sin soporte. Lo que sí es contundente en todo este asunto es que se ha desatado una articulada y coordinada campaña en la que se ha apelado a lo que ellos (los uribistas detestan tanto) una combinación de las distintas formas de lucha en procura de presionar a la justicia para que no importando la veracidad, la fortaleza de lo que los abogados llaman el acervo probatorio, el fallo sea absolutorio.