Sastres en la escuela

La educación es la herramienta más efectiva a emplear para el desarrollo económico, moral, ético e intelectual de un país. Pero cuando invierte su rol, está en decadencia y no ajena a los grandes males de la actualidad: la corrupción y abuso de poder.

Los educadores no podemos ser integrantes de magnánimo diluvio de destrucción intelectual. La balanza de la intelectualidad está al orden del día, a un lado los que pensamos que el lucro personal está por encima de los demás, y en la otra orilla, los que pensamos que los primeros no pueden estar por encima de los que permiten que seamos lo que somos: maestros.

En este mes, hemos visto que después de 7 años de un olvido intencionado, el regreso de las convocatorias de las instituciones escolares públicas para rendir cuentas del dinero gastado en el 2018. Pero la realidad fue otra, al parecer, no es del agrado y gusto de los rectores rendir cuentas de lo que gastan. Así lo vivimos cada uno de los maestros que estuvimos allí presentes, con invitación directa o no, y en otras, los “invitados” fueron seleccionados. Pero que se haya hecho en una y en otras no, no sería mal pensado, pero que todas lo hayan hecho de igual forma y manera, queda un sin sabor. Los informes del presupuesto de gastos expuestos tenían un tamaño de letra parecido a los contratos que nos hacen firmar las entidades bancarias, sólo las leen las hormigas. En todas primó la generalización de gastos más no la especificidad. No quedó claro si la inversión y el porcentaje asignado total fue exclusiva para una sede o repartidas por igual a todas. La escasa intervención de los “privilegiados” invitados estuvo a medida. Y en las pocas, se atacó al indefenso que quiso elevar su voz, pero rápidamente fue callado y coaccionado por los defensores del rector.

Los órganos de control departamental y nacional, como la Procuraduría y Contraloría, se hacen los de la vista gorda y ahora les pasan la pelota a los alumnos de los grados 10 y 11, quienes hoy son los responsables de pedirle cuentas al rector. David y Goliat. Hoy vemos con sorpresa a estudiantes candidatos expresando su renuncia al cargo de contralor escolar porque fue timado, presionado y perseguido por maestros y directivos docentes, que le advierten que el pedir cuentas y presupuestos al rector, no debe estar incluido en su discurso de campaña. A los personeros escolares sólo los llaman y convocan, cuando su firma es más importante que su presencia y debate. La ingobernabilidad y falta de control con la inversión de los dineros públicos en la escuela, están al abismo de la ilegalidad. En este espacio académico también impera la “operación silencio”, aquí también se persigue y se amenaza a quienes preguntamos, criticamos e indagamos, por la transparencia de los dineros de gratuidad escolar. La escuela no puede ser la academia de la corrupción de un país.

¿Es posible creer que un adolescente indefenso, sin contingencia intelectual, sin formación financiera ser capaz de enfrentar todo tipo de presión mediática con su escaso y débil dominio de las cuatro operaciones básicas en matemáticas?

Hubo cuentas, nos guste o no. Los dineros fueron “invertidos”. La escuela se caen a pedazos, los baños de alumnos y docentes no sirven, no hay sala de profesores, no existe cafetería o espacio adecuado para recibir alimentos escolares, no hay servicio de internet escolar, no hay espacios lúdicos, no hay material didáctico pedagógicos actualizado, la anarquía escolar existen, no hay condiciones y clima escolar de aula adecuado, pero lo que sí existe es un nombre, un espacio, un aula, un maestro, un presupuesto anual que se gasta, con o sin autorización legal.

Aún retumba en mi mente, el grito de un asistente a una protesta “Corrupto no controla corrupto” ¿será cierto?