Se cosecha de lo que se siembra

Para nadie es un secreto que uno de los mayores dolores de cabeza que hemos tenido que soportar en la región Caribe, por más de una década, ha sido la pésima calidad de la prestación del servicio de energía por parte de la abominable y abominada Electricaribe. Los recurrentes e intempestivos cortes del suministro del fluido eléctrico, los frecuentes racionamientos programados y no programados, disimulados con la excusa del “mantenimiento” de la red, así como los altibajos en el voltaje le han causado daños y perjuicios irreparables a los 2.7 millones de usuarios. Ello, además se convirtió en un obstáculo para el desarrollo económico y social de la región.

Por eso, cuando asumí el Ministerio de Minas y Energía en septiembre de 2013 llegué retado, tanto más en cuanto que apenas 15 días atrás yo había publicado una columna en El Heraldo que la titulé Una alerta temprana, en la cual le llamaba la atención y le advertía al Gobierno nacional de la inminencia de una asonada regional por cuenta de la pesadilla en la que se había convertido Electricaribe, operadora del 25% del mercado nacional.

Me propuse, entonces, encarar esta problemática, cuya solución se convirtió para mí en la primera prioridad. Y como lo primero era lo primero, quise establecer la causa raíz de esta calamidad y con tal fin se contrató con la experta y ex comisionada de la Creg Carmenza Chahín un estudio, con el fin de que hiciera un diagnóstico y nos diera sus recomendaciones. Fue así cómo se pudo establecer que la razón primordial para que Electricaribe no prestara un servicio de electricidad con eficiencia, calidad y continuidad, como lo manda la Ley 142 de 1994 de servicios públicos y la Ley 143 de 1994 eléctrica, era el rezago de más de una década en las inversiones que han debido hacerse y nunca se hicieron.

Pues bien, La Guajira, por estar en la cola del sistema, ha llevado la peor parte, al tener que soportar con estoicismo y con la paciencia de Job los continuos apagones. Y, como según la Ley de Murphy, todo aquello que anda mal es susceptible de empeorar, cualquier falla o mantenimiento de la línea de conducción de la energía a 110 KV hasta Maicao, Riohacha, Uribia y Manaure, privaba a estos municipios de este servicio esencial. Un estudio técnico adelantado por la Upme llegó a la conclusión, aludiendo a esta falencia, que “la ausencia de las obras de refuerzo eléctrico implica una situación de desatención del abastecimiento de energía en su área de influencia”.

Así nació la necesidad de adelantar el proyecto de un anillo eléctrico que uniera la Subestación de Cuestecitas con los municipios de Riohacha y Maicao, con el objetivo de estabilizar el servicio de energía y mitigar las contingencias a las que están expuestos. Como Senador de la República me abanderé de esta iniciativa, la que debí retomar años más tarde como ministro de Minas y Energía. En efecto, prioricé dicho proyecto en el Plan 5 Caribe para su ejecución, con mensaje de urgencia, como quedó consignado en la Resolución 093 de 2014 de la Creg.

Me refiero al anillo eléctrico Riohacha – Cuestecitas – Maicao, consistente en un tendido de red redundante con la subestación de Cuestecitas como viga de amarre, clave para mejorar la calidad de la prestación del servicio a todo el Norte del Departamento.

Gracias al mismo se contará con una red eléctrica más robusta y va a posibilitar que el servicio de energía gane en estabilidad, confiabilidad y se evite, de una vez por todas, las fluctuaciones de voltaje que daña los electrodomésticos y demás artefactos eléctricos. Al contar con esta línea de refuerzo se reducirán a su mínima expresión las constantes interrupciones en la prestación del servicio. Se da la feliz coincidencia de que este anillo eléctrico se energiza justo cuando contamos con Air-e como nuevo operador, porque con Electricaribe no hubiera pasado de ser un paliativo y no una solución.