Se metieron con la generación que primero…

El primer día de movilización convocado por las centrales obreras, los maestros, sindicatos y movimientos de oposición del país se vivía con incertidumbre creciente. Pensaban desde las esferas de poder y desde los medios a su sombra que era otro día común de protesta que se iría diluyendo si lo ignoraban, si se informaba sobre atenuantes de violencia y bloqueo en las calles y que los marchantes se devolverían a sus casas mojados y con los ojos enrojecidos por los chorros de agua y los gases de represión. 

En Riohacha conspiraba el clima. Amaneció el día nublado como incitando a caminar y luego, desde el inicio de la marcha, serenó. Esta vez la mística organizacional de los mismos marchantes de siempre se vio agrandada y resignificada por un vocerío comprometido de jóvenes dueños de consignas agresivas y creativas, pendones con alegres colores y de mensajes dirigidos a volcar en las redes sociales un nuevo grito de la lucha social: el de una generación que se cansó de hacerle caso a una sociedad patriarcal con un modelo de país envejecido y fuera de lugar.

Tirados en el suelo, como en el campus de una universidad de la protesta, pintaban y dibujaban sus quejas, sus disruptivos mensajes, su simbología; con un lenguaje nuevo incitador y alegre. Las paradas para las arengas y los discursos se complementaban con música, performance, bailes y con trotes que imprimían un ritmo inusual, un revelador sentido de nuevas ciudadanías con el puño inhiesto. Esta sangre nueva se apropió de la protesta consciente del triunfo de cada paso y se encaramó en la estatua de Francisco El hombre reconociéndolo como un revolucionario de su época que con su música y su credo al revés derrotó al diablo. Ellos también ansiaban derrotar a un ministro diablo, con una reforma malévola impulsada por un presidente guiado desde la sombra.

Este estallido social no para. Ha desoído la represión, ha repelido con su alegría la negación y la exclusión, ha amplificado “el todos somos Cali” llamando la atención del mundo entero con el látigo fustigante de los teléfonos móviles difundiendo en vivo y en directo lo que los medios tradicionales manipulaban en otros tiempos, donde se escindía el relato de las inconformidades. Lo que se ha logrado en las calles es la verdadera voz del pueblo, es la expresión de ese constituyente primario que deroga leyes, que tumba reformas, que pone en jaque a las instituciones; para que esa gran mayoría que no protesta y se acomoda, goce de las conquistas sociales con iguales derechos. 

Miles de marchantes se han ido sumando superando el miedo al contagio, sacudiéndose el escepticismo, abofeteando la desesperanza y agitando por los hombros el muñeco de trapo pesimista en el que se ha venido escondiendo el país más feliz del planeta relleno de las espumas y el aserrín de las desigualdades.

Se han juntado las causas en la búsqueda de hacerlas visibles: mujeres arrinconadas por el feminicidio, usuarios acosados por el abuso de empresas de servicios públicos, obreros oprimidos por una bota patronal que los patea y los despide, enfermos humillados por sus empresas de salud, pensionados amenazados por impuestos invisibles que se desbordan por las venas rotas de la corrupción, estudiantes endeudados para poder superarse, desempleados que llevan años esperando una oportunidad por mérito y no por palanca, madres y padres que caminan al borde del desmayo por no poder poner un plato de comida en la mesa para darle seguridad alimentaria a sus hijos.

Las mismas suelas que quisieron ser silenciadas por las ayudas de acción social y el ingreso solidario, imprimen su huella en la protesta, que escarba en la memoria de la Riohacha de hace dos décadas cuando se volcó a las calles para reclamar un agua que aún hoy es esquiva, que no es potable ni permanente. 

La calle es hoy el hábitat natural de la resistencia, el camino necesario de las reivindicaciones, donde se han juntado las desgracias comunes. Quienes marchan en medio de esta conmoción social no han hecho arder llantas ni reventado vidrios, la nota relevante ha sido su carácter pacífico y ordenado, otra muestra de su consistencia, de su largo aliento.  Una nueva historia en las calles, la que se funda en el respeto al pueblo y la que defrauda la violencia.