Semana Santa: Devociones muy profundas

La generalidad de los creyentes tiene idea de lo que es la cuaresma, algo religioso unido a conversión. Y todos saben que este tiempo de cuaresma nace el miércoles de ceniza, inmediatamente después de los carnavales. Después de la juerga y la diversión, viene la penitencia. De esta manera unen la cuaresma a un tiempo de vacaciones que se llama Semana Santa, días en los que se practican una serie de actos religiosos a los que no se puede faltar, hay que participar y así tener la conciencia tranquila de haber cumplido con Dios.

Yo estoy contento de haber estado con Dios y Dios estará contento porque vio que yo cumplí con él. Esta manera de pensar podría parecer superficial, pero no, responde a la existencia de una religiosidad popular tradicional milenaria a la que el Papa Pablo VI denominó la ‘teología popular’. La evangelización que entró con la colonización, quedó grabada en lo más profundo de la colectividad creyente. A las personas se les daba el anuncio evangélico con los elementos más importantes. Dada la escasez de misioneros, el clero atendía las poblaciones más grandes con regularidad, pero los poblados, dispersos por la enorme geografía diocesana, eran visitados por misioneros a lo sumo cada año para las fiestas patronales.

Estas fiestas eran preparadas con gran esmero por los habitantes de los poblados, convirtiéndose la visita en motivo para unas súper fiestas populares, en las que celebrando lo religioso, se daba cabida, después,  a otra clase de celebraciones gastronómicas, lúdicas, verbenas bailables, buenas orquestas, mucha música, y lógicamente, acompañado este barullo con ríos de licor. Durante esa visita misionera quedaban bautizados todos los niños, los adolescentes recibían la primera comunión, más de una pareja decidían casarse canónicamente. El misionero al pequeño grupo de responsables de la capillita les daba normas para mantener la fe de los feligreses. La gente lo despedía con cariño, con gratitud y hasta próxima ocasión, uno, dos, tres o más años. En la actualidad las vías de comunicación, la movilidad de las gentes, el desarrollo han permitido que los pueblos sean atendidos no solo con más regularidad sino hasta con presencia permanente del párroco.

Gracias a los muchos años de visitas esporádicas, la fe se ha mantenido intacta en los principios fundamentales, que ha ido mejorando en la medida que los creyentes van recibiendo mayor formación. Hoy las comunidades celebran con mayor conciencia la Semana Santa, cuyos actos religiosos son, casi en todas partes, multitudinarios. La vetusta tradición mueve la conciencia cultural, añeja con los años, y motiva a los creyentes a participar fiel y devotamente.

El jueves, viernes y sábado santos eran los días privilegiados. El jueves con el monumento. En los templos se construían bellísimos altares para la adoración de Jesús Eucaristía, a quienes los fieles devotamente llamaban ‘mi amito’. Concluida la liturgia, inmediatamente se procedía a la sagrada visita a los monumentos. Era un paseo religioso con toda la familia, se visitaban los monumentos que más se pudieran. El Viernes Santo, recababa de los creyentes el máximo de discreción, de cierto silencio, porque se recordaba con piadoso dolor la pasión y muerte del Señor Jesucristo. La participación en el viacrucis era multitudinaria. Las oraciones, las pequeñas prédicas llegaban al corazón de los participantes. Hoy las comunidades cristianas son más maduras en la fe y participan en la liturgia, de la que tienen mayor conocimiento. La Iglesia por la renovación de la liturgia ha descuidado los valiosos elementos tradicionales que en un momento dado pueden o fortalecer las raíces o las pueden debilitar. Las personas mayores han hecho lo suyo. La numerosa juventud ha de ser los nuevos portadores y transmisores de los contenidos religiosos.

Para ellos se ha creado la pascua juvenil, a veces con mayor tinte de diversión que de recogimiento religioso. Las parroquias con motivo de la pandemia han tenido que ingeniárselas para acelerar la utilización de los modernos métodos de comunicación y ojalá no vayan a disminuir su uso cuando la pandemia se retire, sino que más bien se incremente, pues las generaciones nuevas no pueden entender las costumbres de los abuelos, pero necesitan sentir, vivir y transmitir sus propias convicciones de otra forma, de otra manera, con otros medios, pero lo fundamental es que las gentes de antes y las actuales son personas, son creyentes, tiene sus propias convicciones religiosas con  formas propias para vivirlas y con su propia necesidad de transmitirlas. La Semana Santa de ayer y la de hoy es la misma, los creyentes viven su fe en la persona de Jesús, la celebran según lo prescribe la Iglesia y así alimentan las milenarias raíces de la vivencia y expresión religiosa. ¡Felices pascuas!