Ser excelente profesional

Por la misma razón que papá y mamá envían a sus hijos pequeños a la escuela para que aprendan a leer, escribir y matemáticas, un joven en Colombia busca una carrera profesional para estudiar. Por lo general en el grado once se van inclinando por la que creen le va a dar los frutos al trabajar para formar una familia y vivir una vida holgada y tranquila.

Al respecto, una de las más asediadas actualmente por los primíparos en las universidades es la carrera de derecho o de leyes, pero con los agravantes que ya está saturado el cupo de abogados en el país y que llegan a esta carrera profesional por lo general porque fracasan en las ingenierías, arquitectura o Contaduría al ser malos para las matemáticas.

Pero, luego de empezar el nuevo proyecto de vida estudiando derecho, se encuentran con que fuera de adquirir conocimiento en justicia, derechos, tutela, procesal, jurisprudencia, altas cortes, penal, Fiscalía, delitos, doctrina, leyes, constitución y política, se deben volver expertos en técnica oral y escrita. Y, ahí viene el segundo inconveniente, que tal vez los recién futuros abogados no contaban: deben ser excelentes lectores.

Ahora bien, podemos señalar que el amor por la lectura o escritura se coge prácticamente desde niño. Por ello considero que es como aprender a montar en bicicleta, jugar baloncesto o nadar. Sin duda, los jóvenes leen un poco en el bachillerato con las obras que les colocan a hacerles análisis literario, pero al ser lectura obligada crea un efecto adverso en la misión tardía del docente de castellano.

Lo evidente es que la lectura tiene una característica muy particular sobre la oralidad y la escritura: es el combustible. Para dominarlas se debe empezar a tomar el hábito de leer.

Quiero decir que para dominar la escritura y oralidad hay que leer mucho aportando que es un medio extraordinario para aclarar el pensamiento y nunca más volver a tragar entero, con ella se esclarecen ideas y se comunica mejor.

Ante tal perspectiva, dentro de la lectura encontramos tres tipos: la textual con la cual nos preguntamos ¿de qué me habla el texto?, con la inferencial, nos preguntamos ¿qué está queriendo decir el autor? Y con la crítica, ¿qué digo o pregunto del texto? Lo anterior nos da márgenes para al leer interpretar de diferentes formas.

Según el Ministerio de Educación, la prueba Pisa es un Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos que evalúa el desarrollo de las habilidades y conocimientos de los estudiantes de 15 años a través de tres pruebas principales: lectura, matemáticas y ciencias. La Ocde aplica este examen estandarizado cada tres años, desde el 2000. Oportunidad de referirnos a que aproximadamente 540 mil estudiantes realizaron las pruebas Pisa en 2015, esta es una muestra de alrededor de 29 millones de jóvenes de 15 años de los colegios de los 72 países y economías del planeta.

Ahora viene lo trágico: los primeros fueron Japón, Estonia, Finlandia y Canadá. Colombia obtuvo el puesto 57 en ciencias, en matemáticas 61 y en compresión lectora 54.

Por lo anterior, en el país los jóvenes no están leyendo o interpretando de forma crítica, no progresan en matemáticas ni ciencias. Esto es duramente mostrado en la estadística de los resultados de las pruebas en donde nos fue pésimo en todos los flancos. Basta darse una pasada por las universidades y encontramos que están hoy fuera de enseñar leyes, enseñando la comprensión lectora y tratando de enseñar ética, técnica y valor que se aprende en la casa desde niños con el ejemplo de nuestros padres.

De todas maneras, los colombianos sabemos lo que nos está pasando con los abogados hoy en día y particularmente no logro entender como un joven que no lee pretende ser abogado. Por lo anterior en el país encontramos que los escándalos son cada días más carnudos. Con el agravante de que en los grandes casos de corrupción en el país mínimo hay uno. La ética en estos profesionales anda por el suelo y su credibilidad entre los colombianos en forma general es que no son de fiar.

Para concluir, reitero la importancia del hábito de la lectura para luego adquirir técnicas que nos permitan desarrollarnos como profesionales. Un abogado –por ejemplo– debe ser un excelente ser humano, ético, honesto, buen orador, escuchar y escribir muy bien. Sin duda no la tienen tan fácil los malos para las matemáticas que llegan a engrosar las filas de los abogados pero que tampoco leen y que la ética pareciera que se quedara con las matemáticas en el anterior claustro donde fracasaron como ingenieros, arquitectos o contadores.