Si Dios dijo es él, él es

Los planes de una persona no siempre concuerdan con los planes de Dios con uno, por lo general toda persona anida en su proyecto de vida ser por lo menos un buen padre, esposo e hijo y sobre todo, tratando de asegurar su vejez tranquila y armoniosa, propendiendo completar las 1.300 semanas de tiempo y los 62 años de vida si es hombre, y los 57 si es mujer, para cumplir con los requisitos mínimos que exige una pensión ordinaria para ser disfrutada, porque también existen otras pensiones, las especiales aplicadas en ciertos cargos como en las fuerzas armadas, también en salud, sobre todo en radiología o en programas de alta exposición al contagio como el programa de tuberculosis entre otras, que solo aplica el tiempo para su disfrute, sin importar la edad cumplida.

Con esto creemos llegar con el deber cumplido en altas misiones, para iniciar una nueva etapa más pausada, más tranquila y con menos sobresaltos, como dedicarse más a los nietos, ser consejero de los hijos, sobrinos, amigos y demás, y de vez en cuando uno que otro paseo con la pareja por el Caribe entre otras cosas, hasta ahí más o menos llega el proyecto de vida de una persona. Pero los proyectos de Dios son muy diferentes a los de las personas, que no incluyen límites de tiempos, ni mucho menos límites de edad y a cualquiera saca de la tranquilidad del confort para la asignación de una misión, corroborado esto en múltiples pasajes bíblicos donde el señor nuestro Dios ha dejado de dar altas misiones a personas que ostentaban hasta 120 años de edad (Deuteronomio Cap. 31 Vers 2 ) sin importar la cantidad y el tamaño de los obstáculos presentados para su realización. Tal como ocurrió con Moisés (Éxodo Cap. 3 Vers 4) cuando el señor le hizo el llamado para sacar el pueblo de Israel de las garras egipcias, cómo Dios que es, sabía del poderío bélico del ejército egipcio, y del obstáculo mayor, el mar Rojo, atravesado en el camino de partida de los israelitas. Sin embargo, tanto el llamado como el final feliz de las misiones impuestas por el señor, su cumplimiento es una constante, porque guía al misionero a través de señales y otorga dones necesarios para superar al contrario. Tal como ocurrió con la separación de las aguas del mar Rojo, abriendo un sendero de paso al pueblo israelita, y luego con la normalización de sus aguas eliminando dicho sendero y de paso todo el ejército adversario que apenas iba a mitad de camino.

Cuando el señor hace un llamado para asignación de misiones ya sea en aquella historia o en la reciente ocurren por lo menos tres cosas soportadas por la Biblia.

Que el Escogido para la misión nunca será cambiado a mitad de camino.

Que lo prometido nunca será cancelado ni echado para atrás.

Que el final de toda misión siempre será feliz, sin importar el obstáculo a superar.

En esta época eleccionaria encontramos un candidato que nos lleva a creer que fue llamado por el poder supremo, para asignarle la misión del rescate de la primera magistratura del municipio con principios y valores incluidos. ¿Por qué?

Porque se encontraba en el confort del disfrute de su pensión.

Porque de repente encontró más importante poder solucionarle los problemas de su pueblo que la tranquilidad de su confort.

Porque ha recibido señales claras que será un final feliz, cómo el desequilibrio a su favor de la balanza eleccionaria otorgada por el cumplimiento de la palabra de un participante de la pasada consulta. Las 1.631 personas en fila india que lo apoyaron en la pasada contienda electoral para el otorgamiento del aval de su partido.

Y porque las iniciales de su nombre –RDC- obligaron a la construcción de su eslogan, como siempre le gustaba estar el señor para realizar sus prédicas “rodeado de la comunidad”.

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