¡¡Si Rafael Orozco estuviera por aquí!!

“Ha podido volver cantante a San Pedro para dejar al pobre Rafa tranquilo”

El aparte trascrito preliminarmente, corresponde a la canción titulada ‘Un ángel más en el cielo’ de la autoría de Poncho Cotes Jr. que Los Hermanos Zuleta incluyeron en el LP ‘Mañanitas de Invierno’ que lanzaron en el mes de enero de 1993, uno de los más sentidos homenajes que se hicieron a su memoria después de injusto sacrificio.

Se cumple  el viernes 11 de junio  próximo, los primeros 29 años  de la partida para siempre de ese caballero de los talones a la mollera, de sangre Guajira de Zambrano y Cesarense de Becerril, que con sus ideas y su comportamiento le puso cache a los músicos y a la música vallenata, no es una ocasión más para conmemorar su ausencia, sino un día de renovado duelo por tantas cosas que están pasando en la música mas representativa de Colombia, que si el estuviera por aquí no creo que estuvieran sucediendo.

Fue Rafa un artista que valoraba con sinceridad y trato digno el aporte de cada uno de los integrantes de su agrupación, respetaba sus derechos y en sus presentaciones y grabaciones, sin egoísmos mezquinos, propiciaba su lucimiento, no eran aquellos para el jornaleros a su servicio, sino compañeros de trabajo, algo que en estos tiempos, es quimera, porque del acordeonero para abajo, salvo contadas excepciones son víctimas de la discriminación y trato desmesurado por parte de quienes antes fungían como compañeros de fórmula y ahora los tratan como trapito de bajar olletas, seguramente, si Rafael Orozco estuviera con vida, las cosas serían diferentes, porque además de afinado cantante, era un gran ser humano, que predicaba con el ejemplo.

Era evidente en el insustituible cantante, el contraste entre el alto perfil que con Israel  dieron a su agrupación, con la humildad en el trato con la gente, cálido con el público, cercano a sus seguidores, especialmente atento con su familia y -lo he sabido- generoso con sus amigos, nada usual en esa actividad, de su trabajo, vivió mucha gente, y gracias a su apoyo muchos pudieron estudiar, fue puente para hacer posible la grabación de trabajos discográficos de algunos que hoy viven del oficio, y siempre tendió la mano a quien lo requería en momentos de dificultad, tenia claro lo que dice Poncho Zuleta, “Uno antes de ser artista, tiene que ser gente”.

Su trayectoria meteórica, fue construida ladrillo a ladrillo, a este hombre para triunfar pocas cosas le salieron gratis, la virgen, que está en todas partes, se le apareció en Aguachica, todo comenzó  cuando Emilio Oviedo lo encontró acompañando como guacharaquero a el Rey Vallenato Julio de La Ossa, Oviedo estaba en el mismo lugar, tocando y cantando, y su garganta estaba afectada, cuando el desconocido guacharaquero se ofreció para ayudarlo con el canto, a partir de allí comenzó lo que parecía una aventura, con peripecias, privaciones, ilusiones y desilusiones, mientras buscaban la oportunidad para grabar un disco; para lograrlo, pasaron hasta filo en Bogotá, y no fue peor porque Antonio del Villar les dio alojo en su casa, donde tuvieron que dormir en el piso porque camas no habían  para albergar al cantante, el acordeonero y los tres muchachos que los acompañaban, y durante una semana, para poder comer, tocaban cada noche en el Circulo de Periodistas de Bogotá, el pago era ese, el único golpe al día, por eso no me canso de decir a los pobres de espíritu  que son los verdaderos pobres, y  creen que quienes han triunfado lo han logrado por suerte, que “todo el que está arriba algún día estuvo abajo”, si porque nadie sabe nada  del hambre ajena.

Quien apretó el gatillo para acabar con la vida de Rafa, no midió las consecuencias de su brutal comportamiento, no dimensionó las consecuencias colectivas de su acto criminal, fue un episodio atroz contra la música vallenata, con el se fue la elegancia en las presentaciones en tarima, las caratulas que daban cuenta de la categoría de los artistas, pocos siguieron su ejemplo de organización empresarial musical, y el egoísmo y los celos comenzaron a hacer de las suyas hasta llegar a donde estamos, donde a nadie le importa la suerte del otro, salvo honrosas excepciones, y poco se hace respetar la música más bonita del país.

No dudo en afirmar, que la partida de Rafael Orozco en la plenitud de su carrera, es una herida abierta e incurable, que le quitó fuerza, presencia, respeto y elegancia al vallenato en general, ya Dios debió perdonar a quienes acabaron con su vida, porque no sabían lo que estaban haciendo.